Cuando se escribe sobre móviles todos los días se trata de ser todo lo imparcial que se puede ser, pero confieso que siempre he sentido una debilidad especial por Motorola. Desde los móviles que ahora tanto trabajo cuesta ver, hasta los smartphones de nuestros días, el fabricante norteamericano siempre ha tenido un no sé qué que lo hacía especialmente atractivo a mis ojos. Recuerdo aún con mucho cariño un Motorola V1075 cuya pantalla exterior reventó gracias al “agradable” calor veraniego de Sevilla.

Motorola siempre ha tenido claro qué hacer y en qué apoyarse. Desde que usase Android para resurgir para producir pequeñas maravillas como el Milestone, la dirección del fabricante del otro lado del océano no ha destacado nunca por encima de otros fabricantes pero se le veían maneras de gran compañía. Me produjo pena su repliegue cuando Google la compró y llegué a temer que la adquisición de patentes fuese lo único importante y que la marca acabase echando el cerrojo. Demasiados grandes modelos podrían haber acabado mordiendo el polvo de haber sido así, pero Google se dedicó a otra cosa. El gigante de Mountain View imprimió su forma de ver Android en el seno de una compañía que está sabiendo continuar su filosofía una vez que ambos caminos se han separado. Ahora en manos de Lenovo, Motorola no parece estar acusando el cambio de dueño, y eso es algo que me encanta.

La nueva Motorola o cómo cambiar el concepto de Android

La nueva era

El Motorola Moto X fue una decepción. No tanto por la confección del propio smartphone sino por la forma de comercializarlo. Excesivamente caro y vendido sólo en USA, se privaba al resto del mundo del que después ha demostrado ser un magnífico Android. Después de haber sufrido un merecido descenso de precio, obviamente. Tal vez el X no fuese un gran primer paso pero desde luego dejaba entrever que algo había cambiado en el panorama Android, fruto de la tutela de un Google que siempre ha deseado un sistema operativo puro, sin manchas de fabricantes ni de operadoras en forma de capas o de bloatware.

La sorpresa llegó con el Moto G. Fue el primer terminal en el que se vio la auténtica filosofía que ahora parece gobernar al fabricante americano. Gran rendimiento sobre un hardware aprovechado hasta el extremo. El precio, de otro planeta. Motorola comprendió al fin que Android no va de dispositivos de 700 euros sino de obtener una excelente experiencia de usuario. En un mercado plagado de smartphones Android con un rendimiento nefasto en gamas bajas de precios, Motorola demostró que se puede jugar a otra cosa. Demostró que se puede ofrecer algo distinto, algo merecedor de que se deje de hablar del mal rendimiento de un sistema operativo cuyo principal problema es a la vez su mayor éxito, la dispersión de terminales y de fabricantes.

La nueva Motorola o cómo cambiar el concepto de Android

¿Quién necesita una gama alta?

Una gran pregunta que todos podemos hacernos. ¿Realmente es necesario gastarse 700 euros en adquirir un dispositivo recién horneado? Motorola piensa que no y sus Moto G y Moto X demuestran justamente eso. Al primero con cuatro núcleos y 1 GB de RAM. El segundo con dos núcleos y 2 GB de RAM. Distintas configuraciones pero un denominador común: suavidad y rendimiento. Nos hemos cansado de leer a Google decir que su sistema operativo es cada vez más sólido, fiable, estable y fluido. También nos hemos cansado de ver cómo los fabricantes sobrecargan los terminales hasta el punto de hacerlos casi inservibles. Para quien no crea esto, que pase 24 horas con un terminal androide de gama baja.

El Moto E es un nuevo golpe a todos los fabricantes. El rediseño del Moto G, implementando 4G, demuestra que la línea no ha variado ni un ápice, al menos hasta el momento. Si el G ya era un gran dispositivo a un precio irresistible, ahora además cuenta con la navegación en movilidad que todos buscan. ¿Qué más puede necesitar un usuario normal? Nada. Ni tan siquiera una cámara mejor. Quien saca un tablet de 10 pulgadas en la calle para tomar una fotografía no exige cámaras al nivel del Galaxy S5, al nivel del iPhone 5S. Quiere que el terminal cumpla y punto. Y el Moto G cumple sobradamente con todo lo que se le pide.

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El futuro, un respiro ante la ausencia de los Nexus

Ahora que los Nexus se marchan para dejar paso a los Android Silver, Motorola será uno de los que se suban al carro de la nueva élite de terminales. Su buen hacer hasta el momento seguirá estando representado al más alto nivel. El Moto X+1, de seguir la línea del X y lanzarse a un precio razonable, sería otro exponente más de una línea de pensamiento, a nivel de fabricantes, que debería predominar en el mercado. La preocupación porque el software vaya fluido. El trabajo de un fabricante debería ser el de conseguir que no estemos pensando siempre en el hardware de nuestro terminal. Cuando algo va bien, se usa.

Ahora lejos de Google, Motorola mantiene encendida la antorcha del buen rendimiento, que es lo único que realmente importa. Repetid conmigo. El rendimiento es lo único que importa. Pensando de forma maliciosa, y ahora que los Nexus pasarán a mejor vida, no puedo evitar pensar que quizá Motorola sea un regalo que Google deja en el mercado. Un fabricante que ha aprendido bien de su maestro y que continuará la política de los de Mountain View pese a no estar ya controlados por ellos.

Ojo, si esta política de buen rendimiento con hardware recortado llega a impregnar a Lenovo… quién sabe qué mercado nos esperará a partir de ahora. Desde luego, con Motorola en su mejor momento y con Xiaomi a punto de dar el salto a nivel internacional, ¿quién va a invertir una millonada en un Android? De los que hayan comprendido de qué va todo esto, ninguno.

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