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¿Alguna vez os habéis despertado el domingo tras una noche de fiesta sin saber muy bien lo que había ocurrido durante la madrugada? Sí, no hay nadie que se escape a esta sensación de vacío mental con la que te sueles levantar los domingos por la mañana, pasando el resto del día recomponiendo los retazos de recuerdos que te va prestando el dolor de cabeza. Pues eso es más o menos lo que le ocurre al protagonista de nuestro relato de hoy. Este se levanta el domingo sin saber muy bien lo que ha pasado durante la noche, encontrándose con un correo en su móvil enviado por él mismo y a sí mismo. ¿Cómo recuperar los hechos con tan pocas pistas? Veamos.

Relato: A una llamada de Noe

A una llamada de Noe

Qué dolor de cabeza tengo, esta es la última vez que salgo un sábado de madrugada. ¿Cuánto habré dormido? ¿Cinco horas? ¿Seis? A ver, dónde tengo el móvil… Debajo de la cama, a saber por qué ha ido a parar allí. Las doce y media. Si no me equivoco, lo último que recuerdo de esta mañana es haber mirado la hora antes de acostarme, y me viene a la cabeza un insistente seis. Aunque no es lo único, hay algo más en la memoria que no consigo recordar… ¿Anoche me enrollé con alguien?
Tengo unos cuantos correos, quizá alguno de ellos me aclare lo que hice de madrugada. Puf, es la última vez que bebo tanto, apenas puedo mantener los ojos abiertos del dolor de cabeza. Y leer los mensajes se me hace demasiado difí… Espera, este es mío. Qué raro. Enviado a las cuatro de la mañana, sin asunto y con un número junto a un nombre. “4523120, Noe”. Noe, Noe, Noe… ¿Qué me dice el nombre de Noe? Seguramente sea de una chica, y si me lo envié a las cuatro de la mañana debió de ser para acordarme de ella una vez se me fuera la borrachera. Pero sólo tengo el nombre y un número, al que le faltan claramente dos cifras si, como parece, es de un teléfono.
Dos cifras, le faltan dos cifras… Si pongo un 9, para convertirlo en un número de teléfono fijo, está claro que no cuadraría. No sé si corresponde a una provincia de España, pero no es de Barcelona, lo que sería bastante extraño teniendo en cuenta que Noe debió de ser una chica con la que me enrollé anoche. ¿Y si pongo un 6 por delante? Eso es más lógico, ya que seguro que se trata de un teléfono móvil. Sí, apostaré por un 6, y sólo tendré que llamar a diez números como máximo para encontrar a la tal Noe. ¿Tengo batería? Sí. Y espero que también tenga saldo…

—¿Hola?
—¿Noe?
—No, se equivoca. Aquí no hay nadie llamado Noe.
—Esper…

Me ha colgado, mira que hay gente desagradable por teléfono. Creo que empiezo a entender a los comerciales de las operadoras… Bueno, al menos ya puedo tachar el 0.

—¿Diga?
—Hola, me llamo Iván.
—Ah, encantada. ¿Me has llamado sólo para decirme tu nombre?
—No, también para preguntarte el tuyo.
—María, me llamo María.
—¿Y no tienes una hermana, amiga o familiar que viva contigo que se llame Noe?
—Mi madre se llama Noelia, ¿te sirve?
—¿Y cuántos años tiene?
—Cincuenta y seis.
—Pues no me sirve, gracias. Hasta luego.
—Espera, ya que me has llamado, dime como te…
—Adiós, adiós.

Con el 1 tampoco, esto va a ser más difícil que desayunar pronto el domingo por la mañana. En fin, probemos con el 2.

—¿Es que no se cansan de venderme el ADSL? ¡Que ya tengo uno, hombre ya!
—Señor, yo le llamaba para…
—¡Que dejen de venderme cosas por teléfono, estoy harto!
—De verdad que yo no le llamaba para eso.
—¿Y entonces para qué?
—Quería saber si en su casa vive alguien que se llama Noe.
—¡Váyase al cuerno!

Menos mal que no quería venderle un móvil, si no viene hasta aquí sólo para darme con él en la cabeza… Otro menos, como máximo me quedan siete.

—¿Hola? (…) ¿Hay alguien? (…) Dime algo, que sé que has descolgado. (…) Te oigo respirar. (…) No quiero molestarte, sólo saber si eres Noe.
—No, yo zoy Adbedto.
—Ah, pareces un niño.
—Dengo cuatro añoz.
—¿Y tienes una hermanita que se llame Noe?
—Eztoy viendo Pocoyó.
—¿Y Noe?
—No, Pocoyó eztá con Pato.
—Alberto, ¿tienes una hermana?
—Zí, es máz pequeña. Y también eztá viendo Pocoyó.
—Gracias, es suficiente. Hasta luego.

Hoy me estalla la cabeza antes de que pueda ponerme a desayunar, lo estoy viendo…

—Has llamado a Juan…
—¡Y A MARTA!
—En estos momentos no podemos atenderte, estamos ocupados haciendo algo.
—Mmmm… Qué será…
—Deja tu nombre y tu número, te llamaremos en cuanto podamos.
—Si no estamos muy cansados…
—¡Piiiii!

Madre mía, qué gente más rara hay por el mundo. ¿Qué tipo de amigos llaman a esta pareja? ¿Y qué fama tendrán para dejar este mensaje en el contestador? Hala, uno menos.

—¿Sí?
—¿Noe?
—Sí, soy yo. ¿Quién eres?
—¿Ayer saliste de fiesta?
—Sí, claro. Fue sábado.
—¿Y te liaste con alguien?
—¿Tú crees que estas son preguntas para hacer por teléfono? ¡Vete a la…!
—¡Espera, espera! Soy Iván.
—¿El capullo que me tiró por encima todo un cubata?
—No…
—¿Y que se apuntó mi teléfono para acordarse al día siguiente de que tenía que pagarme los gastos de la tintorería?
—No, no. Soy Iván de Movistar. ¿Ya tienes ADSL?
—¡Vete a la mierda!

1 comentario

  1. Jajaja muy bueno el relato… Yo si me despierto así lo primero que hago es ver las fotos… no me vaya a pasar como “Hangover”.

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