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Parece mentira, pero anda que no fluyen rápido las semanas, ¿no os parece? Ya estamos metidos de lleno en octubre y dentro de poco se nos echarán encima las navidades, trayendo esa época en la que se mezclan una gran cantidad de emociones contradictorias. Pero no vayamos tan lejos y centrémonos en nuestro relato de los domingos, que también avanza a buen ritmo. A pesar de que sea domingo y de que, igual que le ocurre al personaje de nuestra historia, el tiempo avance lentamente hasta que finalmente llega la noche, previa al lunes. ¿Habéis sufrido ese aburrimiento de las tardes dominicales? Pues nuestro amigo trata de escapar del tedio refugiándose en su teléfono, descubriendo algo que cambiará su vida para siempre. ¿Qué será?

Esta es la primera parte del relato “Amazing Zoe“, por lo que habrán varias entregas más. No sabemos cuántas, pero lo que sí sabemos es cómo empiezan, teniendo como punto de partida a un teléfono móvil. Esto es algo que define a la sección de relatos, y también el hilo conductor de la historia que sigue.

Amazing Zoe, materialización

Amazing Zoe, materialización

Aquella tarde de domingo fluía demasiado lenta como para no buscar algo de entretenimiento, aunque, como ya anticipara Newton en su famosa tercera ley, a la necesidad de encontrar diversión se contraponía otra fuerza igual de poderosa: la apatía. ¿Resultado? Samuel se encontraba enganchado al sofá como una mosca que se ve atrapada en la pegajosa tela de araña, sintiéndose inquieto en el abrazo mortal sin encontrar la manera de zafarse de él. ¿Qué hacer un domingo en el que no apetece hacer nada y, sin embargo, el comezón de la improductividad te devora el ánimo igual que Homer se merienda una caja de donuts? Samuel no tenía ni idea. Y cuanto más pensaba en las opciones que tenía sobre la mesa, menos le apetecía abandonar el sillón. Sin duda, aquella telaraña del Ikea estaba demasiado bien construida como para poder escaparse de ella.
Samuel apretó un botón del mando a distancia al azar y observó durante unos instantes la película que emitían por aquella cadena, descubriendo al momento que era pura basura. Apretó un nuevo botón tropezando con otra película, siendo igual de mala que la anterior. Y así procedió durante un corto espacio de tiempo que a él se le antojó casi eterno, picoteando en la televisión dominical como la gallina que busca semillas en un campo de piedras, obteniendo el mismo y vacío resultado. Así que, tras comprobar que la televisión no le daría el entretenimiento que necesitaba para revitalizar su aletargada cabeza, decidió sumergirse en su teléfono móvil a ver qué encontraba de nuevo entre sus píxeles.
¿Twitter? Nada interesante. ¿Facebook? Igual, sus contactos sólo publicaban absurdas y vacías imágenes con citas completamente manidas. ¿Whatsapp? Mejor no entrar allí: tenía unos cuantos mensajes pendientes a los que no pretendía enfrentarse hasta el lunes. ¿Y la Google Play Store? Abrió la app, buceó entre sus aplicaciones instaladas sin localizar ninguna actualización interesante, volvió a la portada de la tienda y, tras descender hasta la parte baja, subió de nuevo yendo hasta los juegos, donde se topó con una lista de títulos recomendados encontrando uno que le llamó extrañamente la atención: Amazing Zoe. Las capturas del juego mostraban a una chica en tres dimensiones ataviada con menos ropa que una modelo en un desfile de lencería, algo que era habitual en los juegos de aventura que se inspiraban directamente en los clásicos del género. Aquella chica renderizada, la supuesta Amazing Zoe, sostenía un arma más grande que sus dos pechos puestos en fila, disparando a todo cuanto se movía por las pantallas mientras los escenarios aparecían bien diseñados y con un alto nivel de realismo. Incluso las opiniones acompañaban a la calidad gráfica del título, guardando un gran equilibrio entre las cinco y las cuatro estrellas. “No tiene mala pinta”, pensó Samuel leyendo por encima la descripción del juego. “Y encima es gratis”. ¿Qué más se podía pedir? Un juego con una protagonista femenina atractiva, con grandes gráficos, aparentemente divertido y sin coste en la descarga, así que no se lo pensó mucho más. Apretó sobre instalar, comprobó que los permisos no mostraban un acceso extraño a su teléfono que debiera de tener en cuenta y aceptó, procediendo a descargarse e instalarse. A lo tonto, había consumido unos cuantos minutos del tedioso domingo; y quizá el juego le brindase suficiente entretenimiento como para abstraerse durante media hora. Puede que una completa si había suerte.
“Veamos qué tal es”, pensaba Samuel iniciando Amazing Zoe. El juego se ejecutó sin mayores problemas en su teléfono móvil, aterrizando en la pantalla de selección una vez se hubo proyectado una secuencia de vídeo introductoria. Allí estaba la chica, posando a lo James Bond con una especie de subfusil mientras se proyectaba sobre el fondo de la pantalla una inmensa llamarada en rojo y naranja incendiando a su vez el propio título del juego, copando la parte superior. En la zona izquierda aparecía el menú de selección con un gran Play destacando sobre el resto de opciones, botón al que Samuel no tardó en apretar iniciando así la experiencia con Amazing Zoe. Bastante buena a juzgar por los primeros minutos, consiguiendo que el juego le enganchase de tal manera que tardó en darse cuenta de que oscurecía. Y no levantó la vista del juego hasta que la pantalla del teléfono, y la de la tele, fueron las dos únicas fuentes de luz del comedor.
“Qué tarde es”, pensó Samuel mirando su reloj de muñeca. “Al final ha resultado ser más divertido de lo que parecía”. Decidió echar una última partida con la esperanza de aplacar el vicio que le había entrado en el cuerpo, pero antes procedió a perderse entre las opciones. Como buen juego gratuito y de relativa calidad, Amazing Zoe poseía las típicas compras dentro de la aplicación con las que rentabilizar el título, existiendo, como pudo comprobar Samuel, las más habituales. Mayor número de vidas, armamento especial, habilidades nuevas, una hucha repleta de monedas con las que comprar aún más objetos… Y una compra tan extraña que llamó al momento su atención: materializar a Zoe. “¿Qué será esto?”, pensó Samuel pulsando sobre el botón de compra. Instantes después, se le cayó el móvil de las manos debido al asombro, aterrizando sobre sus piernas sin que su dueño tuviera que sufrir un segundo susto. “¿¡Cómo puede ser!?”.
Tenía que ser un error, era imposible que una simple compra dentro de un juego valiese cien euros. Recogió el móvil del regazo, echó marcha atrás con el botón respectivo y pulsó de nuevo sobre la compra, saltando idéntico precio. “¿Será un euro y se han olvidado de poner la coma?”. Seguramente se trataba de eso, ya había leído sobre más casos similares. “Materializar a Zoe”, leyó mentalmente Samuel aguantando la tentación de pulsar sobre el botón de compra. “Materializar a Zoe… ¿Qué querrá decir con esto?”. No lo sabía. Y cuanto más lo pensaba, más ganas le entraban de descubrirlo, manteniéndose ajeno a las respuestas de su cuerpo que, obedeciendo a su deseo interior, aguantaban el dedo índice de la mano derecha suspendido a escasos milímetros de la pantalla. “Materializar a Zoe…”. El dedo descendió hasta la frontera con la pantalla accionando instantáneamente el botón de comprar, siendo también, de manera instantánea, cien euros más pobre. “¿¡Qué he hecho!?”. Pero era demasiado tarde para enmendar la situación. Incluso demasiado tarde para pensar, desencadenándose una reacción tan violenta que le impidió tener conciencia de sí mismo durante varios minutos. Incluso horas: aquella aparición no podía ser real.

Relato: Amazing Zoe, materialización

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