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Si hay algo que hace grande a un smartphone eso son sus apps, pudiendo armar a nuestro gusto las más variopintas funcionalidades hasta conseguir un conjunto imbatible. Pero claro, siempre hay alguna aplicación que se hace imprescindible y que resulta casi obligatorio instalar, siendo una herramienta de comunicación que no falta en ningún Android: WhatsApp. ¿Hace mucho tiempo que la utilizáis? ¿La lleváis por no quedar mal ante el resto de vuestros contactos a la hora de quedar con vosotros o porque no podríais vivir sin ella? Está claro que ha revolucionado nuestra vida, aunque esto traiga consigo una pérdida de privacidad con la que en un principio no contábamos. Además de otras ventajas e inconvenientes, que vamos a destapar en nuestro relato de los domingos convertido hoy en monólogo de humor. ¿A punto para echaros una risas con la aplicación más descargada de la Google Play Store? Pues allá vamos. Esperamos que, al menos, sonríais un par de veces. Como mínimo…

Monólogo: Cara y cruz de WhatasApp

Monólogo: cara y cruz de WhatsApp.

Hagamos una encuesta rápida: ¿para qué usáis vosotros el teléfono móvil? Si echamos la vista atrás cuatro o cinco años la única respuesta lógica habría sido “Para llamar”, tomándonos por locos si hubiéramos respondido cosas como “Para jugar” o “Para ver películas en el baño”. No, no queremos decir con esto que ahora no se utilice el móvil para llamar, que seguro que alguna llamada a la compañía por un error en la factura habréis hecho. Pero es que un smartphone actual, como diría Hannibal Lecter viendo un cuchillo, tiene un montón de posibilidades, pudiéndole sacar más jugo que el mismo Hannibal a cualquiera de sus amistades. Con el cuchillo o con el teléfono, aquí lo mismo daría…

Apartemos el lado macabro con el que hemos empezado el monólogo y sigamos con la pregunta: ¿para qué usáis el móvil? Sigue siendo la comunicación su objetivo principal, aunque ha cambiado ligeramente la manera con la que nos ponemos en contacto. Como ocurre con cualquier Pokémon, hemos visto mutar al teléfono adaptando sus formas al terreno: primero perdió la antena, luego se hizo minúsculo, después adoptó la cámara, le creció la pantalla y ahora, volviendo a los inicios, aumenta en tamaño, peso y dimensiones, como si estuviera a dieta de Mc Donald’s. Pero no creáis que ésta es la única paradoja de nuestro Pokémon teléfono, porque hay otra relacionada con la aplicación a la que le dedicamos el monólogo de hoy: hemos vuelto al texto como forma de comunicación. ¿Tener la última tecnología al alcance de la mano en unos teléfonos que son capaces hasta de reconocernos la cara o la voz y volver a juntar letras para enviarle un mensaje a otra persona, igual que lo hacían nuestros abuelos? Bienvenidos al siglo XXI, ese siglo en el que están de moda las redes sociales y nadie es capaz de decirse nada por la calle. Paradojas, como un Pokémon fuego refrescándose en una charca. O como el orden en un grupo de WhatsApp…

Hala, ya hemos pronunciado la palabra: WhatsApp. ¿Ocurrirá algo si la decimos tres veces seguidas? WhatsApp, WhatsApp, WhatsApp… Parece que no, no está maldita. Ni siquiera se nos ha aparecido una caca con ojos para darnos los buenos días con su sonrisa marrón, y eso que para muchos la app de mensajería más popular está auténticamente maldita. ¿Sois defensores de ella o preferiríais no haberla instalado nunca? Cuánta controversia, esto estaría más disputado que un partido entre fanboys y fandroides, donde todos acabaríamos expulsados después de acribillarnos a patadas. Y es que WhatsApp ha simplificado la comunicación, la ha abaratado, la estandarizó y nos dio acceso universal en tiempo y en espacio, trayendo buenas experiencias y, como suele ser habitual, también muchos inconvenientes. Pero vayamos por partes, como diría Hannibal Lecter a la hora de usar el cuchillo. Cortando una tarta, malpensados.

Todos tenemos claro cuál es el uso de WhatsApp: establecer contacto directo con una persona a través de mensajes de texto. Y con este planteamiento tan sencillo dentro de una aplicación más simple que la interfaz de un iPhone, ¿podrían darse problemas? Pues muchos. Para empezar, es una app que ataca a traición, como una fiesta de cumpleaños sorpresa para alguien que cumple cuarenta años. Tú estás tan tranquilo, jugando al Candy Crush Saga, estando a punto de hacer un combo de caramelos y te salta el popup con el “Hola” dentro del fondo verde. Así, sin comerlo no beberlo: WhatsApp deja la puerta abierta a cualquiera que tenga nuestro teléfono para interrumpirnos en todo momento, ya sea nuestra madre o esa persona a la que le dimos el número para que nos dejara en paz, diciéndole con la sonrisa más natural que teníamos que nos llamara cuando le hiciese falta. Y quizá no llame, pero puede fundirnos a mensajes, volviendo a atacar de forma traicionera: WhatsApp se chiva si miramos el mensaje y no le contestamos, mostrando también la última hora en la que entramos a la app; por lo que, evidentemente, queda muy mal si decidimos ignorar los mensajes. ¿Recordáis el típico chivato de clase que le confesaba al profesor quién le había puesto el mote? Pues WhatsApp lo es elevado al cubo. A su lado, Judas era un aprendiz.

Otro de los problemas de esta aplicación es que absorbe. Demasiado. Y no por el hecho de tener la opción de hablar con nuestros seres queridos, que también, sino porque, una vez comenzado un chat, es imposible salir de él. Ahora, multiplicad por todos vuestros contactos y tendréis el alcance aproximado de la tragedia que sería que os hablasen todos a la vez, pudiendo perder la cabeza ante la sola posibilidad. María Antonieta, una adelantada a su tiempo. Y no penséis que somos catastrofistas, haced vosotros mismos el experimento: ¿cuánto hace que no le echáis un vistazo a vuestra lista de contactos del WhatsApp? Si tardáis más en llegar hasta abajo de la lista que en recitar mentalmente el abecedario, tenéis un grave problema. Aunque no tan grave que si a alguien le da por meteros dentro de un grupo con más de diez usuarios: desearéis la muerte lentamente. La de todos y cada uno de los contactos.

Digámoslo claro: ¿a qué mente demoníaca se le ocurrió la idea de introducir los grupos en el WhatsApp? ¿No había bastante con sufrir a los cuñados que ahora tenemos que aguantar a otro purgatorio más en la tierra? ¿A cuántos de vosotros no os ha entrado la taquicardia al escuchar en boca de vuestros amigos, familiares, de vuestros compañeros de trabajo o padres del colegio un “Pues podríamos montar un grupo de WhatsApp”? “Mira, no. Mejor córtame un brazo y hazme sufrir mientras se lo das a un tiburón, pero no cometas la atrocidad de introducirme en uno de esos grupos del Demonio”. En serio, ¿cuándo piensa meter mano en el asunto el tribunal de La Haya? Porque, por más que un día tuviesen cierta utilidad, acaban resultando una verdadera locura, siendo imposible sacar nada en claro conforme la conversación fluye entre “Hola”, “¿Hay alguien?” y cacas con ojos, al tiempo que nuestro móvil arde en notificaciones sonoras, luces y vibraciones. Lo más parecido a los autos de choque de una feria, y sin que puedas saltar en marcha. Como en un auto de choque, vaya. Aunque eso sí: gratis. Porque esa es otra: WhatsApp es gratis, por lo que no hay excusa para no bombardear. Incluso quejándose a través de los dichosos mensajes de difusión de que ya no es gratis. Y esta es la cuarta peor cosa de la aplicación: quienes se quejan del precio de la misma, los cuales también abren un grupo en el que te acaban incluyendo por ese motivo. O mandando una cadena de mensajes. O… “Bloquear contacto” y se acabó el problema. O no, porque tarde o temprano descubrirán que están bloqueados y lo echarán en cara. Y como hayáis bloqueado a Hannibal Lecter mejor que no le dejéis a mano el cuchillo…

Cuántos buenos ratos nos da WhatsApp y cuántas veces hemos querido desinstarla. ¿A que sí? Es esa relación de amor/odio que todos tenemos con el móvil, junto con la duración de la batería, lo efímera de la tarifa de datos o la capa que viene con el teléfono: hay que sufrirla. Porque nadie va a creer que no la tenemos instalada, y siempre que queramos comunicarnos con alguien es la única app que van a tener con seguridad. ¿Acabará pasando a la historia? Seguramente no, por lo que tendremos que seguir sufriéndola. Incluso aunque nos metan en el grupo de ex compañeros de instituto…

¡Una caca con ojos para todos!

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