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Esta semana regresamos al plano de los relatos narrados tras nuestro monólogo del domingo pasado sobre el tamaño de los teléfonos móviles a lo largo de la historia, abordando un tema bastante importante en cualquier smartphone: sus aplicaciones. Todos tenemos claro que hay apps para todas las necesidades, gustos y colores, existiendo ya un dicho muy popular en el lenguaje anglosajón: “There’s an app for that” o “Hay una aplicación para eso“. Incluso en el terreno de la intimidad de la pareja, existiendo una gran variedad de opciones en lo que a juegos íntimos se refiere, confesiones, aplicaciones de comunicación o, como en el caso que hoy nos ocupa, las diversas apps destinadas a monitorizar los ciclos. ¿Puede haber una historia en este tipo de aplicaciones? Pues lo cierto es que pueden existir miles, casi tantas como parejas. Aunque hoy nos vamos a centrar en una concreta, tratando que paséis un domingo más agradable mientras le leéis. ¿Os ha pasado? Ya os anticipamos que a nosotros tampoco, pero nunca se sabe…

Relato: Corrección de errores

Corrección de errores

—¿Sabes una cosa?
Los tres amigos estaban sentados en el comedor de la pareja, en un sillón esquinero amplio y confortable que rodeaba una mesa en la que se distribuían diversos platos con frutos secos, aceitunas y otros aperitivos, además de tres jarras donde sólo en dos había cerveza. Por extraño que pareciera en una entusiasta de la bebida espumosa por naturaleza, la chica bebía un sencillo refresco de naranja mientras Juan, su novio, a quien tampoco extrañó el repentino cambio a la hora de elegir bebida, había interrumpido la conversación en torno a los tiempos pasados con una pregunta retórica que anticipaba una revelación. Y Luis, el amigo invitado a la casa de la pareja, se mantenía expectante a lo que los otros dos tenían que decirle, que era más serio de lo que parecía a juzgar por su silencio.
—¿Qué? —Preguntó intrigado Luis al ver que sus amigos no arrancaban—.
—Vamos a ser padres.
Aquella revelación fue una sentencia difícil de asumir, sobre todo si se tenía en cuenta el espíritu libre de la pareja, algo a lo que ambos continuamente aludían. Y Luis, como era lógico, se mostró interesado en ese cambio tan radical.
—¿Y eso?
—No sé —respondió Miriam, la chica—. Cosas del destino.
—Incluso ya hemos pensado en el nombre —intervino Juan—. Se llamará Andy, si es chico.
—¿Andy? —Repitió Luis remarcando aquel nombre tan curioso, sobre todo teniendo en cuenta que los dos miembros de la pareja eran españoles—. ¿Por el protagonista de Toy Story?
Luis había lanzado un chiste esperando que sus dos amigos se rieran con la ocurrencia, pero sólo esbozaron una sonrisa. Como dos acusados que esperan su turno para confesar, expusieron sus motivos de una manera clara y absurda a la vez.
—No, no es Andy por Toy Story —aclaró Luis—, sino Andy por Android. Es el diminutivo más lógico que encontramos para un nombre de móviles.
—¿Andy de Android? Sabía que los dos estabais un poco colgados por los teléfonos, pero esto ya es pasarse. ¿No os parece?
—Verás —dijo Miriam tratando de aportar algo de cordura a aquella conversación—. Ya sabes que los dos disfrutamos constantemente de nuestra libertad —Luis asintió—, por lo que decidimos monitorizar aún más nuestras relaciones, descargando una aplicación para los ciclos menstruales.
—¿Ese tipo de programas que te dicen los días más favorables para concebir?
—Sí —asintió Miriam bajando la mirada. Y continuó, algo avergonzada a pesar de que su amigo Luis era de máxima confianza—. Me bajé una aplicación de ese estilo de la Play Store para así conocer con más seguridad cuáles eran los días más favorables para… bueno, lo que tú ya sabes. E hicimos lo contrario: estar más relajados en aquellos días donde no había opciones.
—Y todo parecía ir bien… —Añadió Juan—.
—Pues sí, todo iba bien. Hasta que un día, mes y medio después de haber descargado la aplicación, esta se actualiza con nuevo diseño y con la típica corrección de errores —Miriam hizo especial hincapié en aquella frase, repitiéndola posteriormente—. Corrección de errores….
—Vamos, que no había funcionado correctamente. Por lo que, nada más actualizarla, mostró una información totalmente contraria a la que pensábamos… —Juan suspiró—. Y el resto es historia.
—Vale —dijo Luis tras unos segundos de silencio, habiendo asimilado el nuevo futuro de sus amigos—. Así que le llamaréis Andy sólo porque va a nacer gracias a una aplicación de Android.
—Sí —afirmó Miriam—. Más o menos.
—¿Y si es chica?
—Le llamaremos Montana.
—Dejadme adivinar… ¿Porque Google está en Mountain View?
—No, porque a Miriam le gusta Miley Cyrus.
—¿Eh?
—Ya sabes, Hanna Montana…
—Definitivamente, estáis los dos colgados.

Relato: Corrección de errores

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