UMI

Seguro que habéis leído varias veces el título de este artículo y os habréis preguntado “¿un relato en un blog sobre móviles Android?”. Pues así es, tal y como suena. Tras la nueva aventura que empezamos con esta página, decidimos que aportaríamos el máximo de nosotros mismos para daros un punto extra de información y, además, de entretenimiento, por lo que nos planteamos la siguiente cuestión: ¿por qué no preparar una sección en la que se hablara sobre móviles de una forma diferente? Y, creemos, no hay nada más diferente que hacerlo en forma de historias de ficción, pero siempre manteniendo el hilo con la realidad en el que, seguro, os reconoceréis. ¿Cuántas historias nos pueden suceder al cabo de las semanas en las que esté envuelto un teléfono móvil? Pues, como podréis comprobar a continuación, serán unas cuantas. ¿No os pica la curiosidad?

El mejor móvil

Los cuatro amigos se reunían habitualmente los viernes por la tarde tras salir del trabajo, siempre alrededor de unas cervezas, algo de comer, del recuento de batallas acontecidas durante la semana y, un tema que nunca podía faltar, en torno al análisis de una de las pasiones que les unía incluso por encima de su amistad: los móviles. A los cuatro les encantaba la tecnología, aunque no todos podían permitirse la misma relación con ella.
—Mirad qué móvil me he comprado —dijo uno de ellos cambiando de tema. Mientras articulaba esas palabras, colocó un Samsung Galaxy S2 sobre la mesa de la terraza, apartando a un lado los platos vacíos de las últimas tapas—. No os imagináis la potencia que tiene.
—El mío tampoco se queda atrás —argumentó el segundo de los amigos acomodando un HTC Sensation junto al otro teléfono—. Doble núcleo, alta resolución…
—Pero no es tan bonito como el mío —replicó el tercero presentando como arma su Sony Ericsson Xperia Arc—. Mirad qué diseño, qué calidad de pantalla…
Los tres discutieron por el poderío de sus móviles durante unos minutos sin que el cuarto amigo, avergonzado por el escaso valor de su teléfono en comparación con el resto, se atreviera a sacarlo del bolsillo. Hasta que le acabaron incluyendo en la conversación.
—¿Aún sigues teniendo ese móvil? —le preguntaron sin esconder el tono burlesco—. Deberías de cambiártelo por otro más potente.
—A mí ya me va bien —argumentó colocando su teléfono sobre la mesa, un Huawei U8650 con tantas marcas de uso que parecía el doble de viejo de lo que realmente era—. Yo lo quiero para llamar, consultar el correo y poco más.
—¿Y qué hay de los juegos?
—O las aplicaciones, seguro que con esa pantalla apenas se pueden utilizar. Al menos las que requieren mayor resolución.
—Yo no necesito nada de eso —hizo una pausa, buscando argumentos para no descubrir que su verdadero problema era la escasez de fondos—. Y seguro que vuestros móviles no son tan buenos.
—¿Cómo que no? —replicó molesto el dueño del Samsung—. El mío puede con cualquier juego o aplicación de Android.
—Y el mío —se sumó el del HTC Sensation—.
—Desde luego, el mío también está a la altura —el dueño del Xperia Arc no iba a quedarse fuera y, tras sumarse al duelo de potencial tecnológico, avanzó un paso en aquella pequeña rencilla—. ¿Y si hacemos un Concurso?
—No es mala idea. Pero… ¿Cuál?
—Hagamos una serie de pruebas. El móvil que gane un mayor número de ellas será el ganador.
—Eso. Y cada uno planteará su propia prueba, así todos tendremos una oportunidad con algún aspecto de nuestro móvil que creamos superior.
El cuarto amigo les observaba planear aquel descompensado concurso sabiendo de sobra que su pobre Huawei iba a ser el claro perdedor, pero no se le ocurría ninguna manera de mantenerse al margen de sus amigos. Ni mucho menos de equipararse a ellos. ¿O sí?
—Además —añadió el dueño del Huawei sorprendiendo a los otros tres—… Si alguien no se atreve a hacer la prueba, perderá automáticamente.
—Me parece bien —dijo uno—.
—Y a mí.
—Y el que gane tendrá las cervezas pagadas durante un mes —remató sabiendo que había dado la vuelta a la tortilla—.
Todos asintieron ante las expectativas del premio.
—Me parece perfecto—el dueño del Samsung Galaxy S2 recogió su móvil y se dispuso a plantear la primera prueba—. Empiezo yo: un benchmark.
Los cuatro descargaron la aplicación de test de rendimiento y, una vez la hubieron ejecutado, mostraron sus puntuaciones. Tal y como pensaba, el ganador fue el móvil de quien planteó la primera prueba.
—¡He ganado! —exclamó el vencedor—. Os voy a pulverizar.
—Eso lo veremos —dijo el dueño del HTC Sensation—. Ahora me toca a mí.
—¿Y cuál será la prueba?
—A ver cuál de los cuatro móviles arranca más rápido —tras decir estas palabras, el dueño del Sensation apagó completamente su móvil, instando al resto a que hiciese lo mismo—. Tenéis que apagarlos del todo.
Una vez los cuatro hubieron cumplido ese paso, acordaron que procederían a encender sus teléfonos móviles con una clásica cuenta atrás. Descendieron desde el tres hasta el cero, pulsaron el botón de encendido y, tras unos pocos segundos, el HTC Sensation ya parecía estar operativo completamente.
—¡He ganado! —exclamó su orgulloso dueño—.
—Pero eso es trampa —se quejaron los demás—. Ese móvil no se apaga completamente.
—¿Cómo que no? He hecho lo mismo que vosotros.
—Venga, es igual —cedió el amigo del Sony Ericsson—. Ahora me toca a mí. A ver quién es más rápido haciendo una foto y enviándola por correo. Apagad las pantallas —todos obedecieron, manteniéndose expectantes a la nueva cuenta atrás—. Tres, dos, uno…
Y se lanzaron a hacer sus respectivas fotos, procediendo a compartirlas con la aplicación de Gmail y enviándolas en forma de correo al primer contacto que les aparecía en la lista. Siguiendo la tónica de aquel concurso, el ganador también fue quien planteó la prueba, ayudado por el botón exclusivo de captura que poseía su móvil.
—Ahora te toca a ti —rió el dueño del Xperia Arc dirigiéndose al único contrincante que quedaba por exponer su prueba. Este sonrió, se levantó de la mesa separándose un par de metros y alzó el Huawei sosteniéndolo en vilo a la altura de su hombro—. Espera… ¿Qué vas a hacer?
—¿Recordáis que quien no se atreva a participar en la prueba pierde automáticamente? —los tres asintieron temiendo cuáles eran sus intenciones—. Pues id sacando la cartera.
Y, tras decir estas palabras, aflojó los dedos.

15 comentarios

  1. Tuve la oportunidad de leer el relato hace unas semanas y estaba deseando que se pudiera publicar, ya que como siempre en los textos de Iván te deja al final con la cabeza pensando un buen rato 😀

  2. He vivido esta experiencia más de una vez, y seguro que no habrán sido las últimas. Lo único inverosímil del relato son tus dos amigos con el HTC y el Sony Ericsson. No cuela :)

  3. Buenísimo!! Muy original. Supongo que con lo que se iba a ahorrar en cervezas le daba para un móvil nuevo, no?? 😛

  4. A mi me da coraje cuando se “miden los penes” con los móviles. Descartando el tema económico, los móviles mas “discretos” le pegan un buen repaso de batería a otros más grandes… Y cuando digo repaso, hablo de un día o dos de duración extra con soltura.

    Eso es envidia y lo demás es cuento xD

    Bonico relato.

  5. Ya me estoy viendo que mucha gente va a terminar en este post buscando en google penes con android, y si no al tiempo XD

  6. Hace poco, he cambiado mi maravilloso Nexus One por el nuevo Galaxy Nexus y todos me decían … bueno ahora dejaras el viejo N70, que uso para el número del trabajo, y lo cambiarás por el Nexus One ¿verdad?…..

    Pues, obviamente, no.
    La linea del trabajo es para “hablar por teléfono”… y al N70 la batería le sigue durando 1 semana.
    ¿Que es mejor, un Ferrari o una furgoneta? Pues depende, si lo quieres para transportar sacos de patatas …..

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