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Hoy, en nuestro relato habitual de los domingos, vamos a hacer una pausa en las aventuras y desventuras de Carlos, nuestro personaje protagonista de la historia donde semanalmente se elige la continuación, para tratar un tema diferente, retomando los personajes del primer relato que publicamos en Faqs Android. ¿Os acordáis de aquella competición de móviles donde conseguía ganar el que tenía menos papeletas para hacerlo? Pues nuestro protagonista vuelve a la carga tras haberse podido por fin comprar un móvil nuevo y actual, aunque parece que sus tres amigos también han optado por el mismo camino. ¿Habrá una nueva competición? ¿Cuál será el resultado? Sólo hay una manera de averiguarlo: leyendo nuestro relato…

Relato - El móvil preferido

El móvil preferido

Los domingos eran especiales para nuestros cuatro amigos, un día fuera de la rutina que iba mucho más allá de lo que lleva implícita la jornada más festiva y relajada de toda la semana. Los cuatro solían reunirse en su bar de confianza al abrigo de sus desventuras, amoríos y pequeñas envidias, siempre compartiendo unas risas y unas cervezas. Y aquel último domingo de julio no era una excepción, estando los cuatro bajo la sombra de la gran terraza del bar que les permitía observar la mañana sin pasar demasiado calor, contemplar a los paseantes que cruzaban delante suyo, en especial a las mujeres, y, como ocurriría a continuación, departir a conciencia sobre su tema favorito después de las propias mujeres: los teléfonos móviles.
—¿Sabíais que me he comprado un nuevo móvil? —dijo uno de ellos orgulloso de haberse librado por fin del vetusto Huawei U8650— Miradlo y admiradlo, esta vez no podréis decirme que es anticuado.
Tras aplicar énfasis a esas últimas palabras, este amigo colocó sobre la mesa de la terraza, apartando a un lado el cuenco con aceitunas, su nuevo teléfono. Los otros tres se inclinaron ligeramente sobre el aparato para observarlo, profiriendo una serie de quejidos y gruñidos que anticiparon la desaprobación.
—Ya estamos… ¿No os gusta mi Sony Xperia P?
—Hombre… No está mal.
—Lo cierto es que está bien…
—Pero podría estar mejor.
Tras la ronda de comentarios de sus amigos, económicamente más holgados que él, nuestro protagonista ya supo que a su Xperia le esperaba una larga lista de quejas. Aunque lo que no supuso fue que trataran de dejarle en ridículo. Otra vez.
—Mira, yo también he me cambiado de móvil —tras decir estas palabras, uno de los amigos colocó sobre la mesa un Samsung Galaxy S3, al costado del primer teléfono. Junto al recién llegado, el Xperia P empequeñeció aún más—. Es sólo un poco más grande que el tuyo.
—¿Qué os creéis? —Interrumpió un tercer amigo— ¿Que vosotros sois los únicos que tenéis móvil nuevo?
Tras el comentario, el tercero colocó sobre la mesa un HTC One X, mesa que se empezaba a quedar pequeña ante tanto cacharro, jarras vacías de cerveza y platos de tapas. Pero aún debía de guardar sitio para el cuarto móvil.
—Qué casualidad —dijo el único amigo que quedaba por sumarse a la fiesta de las novedades—. Yo también me he cambiado el móvil. Aunque he preferido algo más grande.
Tras hacer énfasis sobre “más grande”, este amigo colocó sobre la mesa un Samsung Galaxy Note, pareciendo gigantesco al lado de los otros tres, especialmente del Sony. Este daba la impresión de ser un enanito al lado de tres gigantescas Blancanieves.
—Vosotros no os estáis quietos nunca —comentó enfadado el dueño del Sony Xperia P, recogiendo de mala gana su teléfono—. ¿Tanto dinero tenéis como para cambiar tan a menudo de móviles?
—No es cuestión de dinero —dijo uno de ellos—. Hay que estar a la última para así asegurarse que con el móvil puedes hacer cualquier cosa.
—Eso —afirmó otro—. Y si no es un teléfono potente, a saber cómo utilizas las aplicaciones punteras.
—O los juegos en 3D… Que un móvil no sólo sirve para llamar.
—¿Vosotros creéis que la gente normal considera imprescindible todo lo comentáis?
—Claro —respondieron los otros tres amigos al unísono—.
—Pues yo estoy seguro de que no es así —dijo el dueño del Xperia urdiendo un plan a toda la velocidad que le permitían sus neuronas. Y la aparición en escena de la camarera consiguió que encajaran todas las piezas del puzzle en su cabeza—. ¿Por qué no le preguntamos a ella? ¿Cuál pensáis que sería su móvil preferido de estos?
La camarera se quedó extrañada al ver que los cuatro la observaban al tratar de retirar la vajilla, pero más se extrañó cuando le preguntaron si quería participar en aquella absurda competición tecnológica. Los cuatro, tras haber llegado a un acuerdo visual y gestual, le propusieron que fuera ella la jurado de su prueba, en la que tendría que juzgar cuál de los cuatro teléfonos era, de una forma objetiva, su preferido. La camarera se quedó pensativa durante unos instantes y, viendo que tampoco había clientes que atender, accedió.
—Está bien, pero yo no tengo ni idea de móviles.
—Mucho mejor —dijo el del Samsung Galaxy S3. Después, continuó dirigiéndose a sus compañeros—. Si os parece bien, cada uno elegirá lo que él crea conveniente de su teléfono, tratando de que ella lo prefiera después de juzgar a los demás —los otros tres amigos asintieron—. Yo voy a elegir la aplicación de cámara.
El dueño del Samsung Galaxy S3 recogió su móvil de la mesa y, explicándole que se podían tomar fotografías con la voz, se lo mostró a la camarera. Enfocó hacia la acera, mantuvo el teléfono en alto y habló en voz alta.
—¡Patata! —acto seguido, el Samsung emitió el sonido de captura de una fotografía, guardando la instantánea en la memoria. La camarera quedó ostensiblemente sorprendida— Como ves, mi móvil puede hacer fotos sin tocarlo.
—Ahora es mi turno —intervino el dueño del HTC One X. La camarera rodeó al grupo hasta llegar a la altura del que hablaba—. Siguiendo con la cámara, este teléfono puede hacer fotografías continuas en pocos segundos —recogió su teléfono, lo encendió, accedió al menú de cámara y le alcanzó el móvil a la chica. Esta dejó su bandeja sobre la mesa para sostenerlo debidamente—. Apunta y aprieta sobre ese botón de la pantalla.
La camarera obedeció. Apuntó al mismo sitio de la acera que el amigo anterior, pulsó sobre el icono en pantalla e, inmediatamente, el móvil empezó a capturar fotografías a velocidad de vértigo. La chica soltó el botón sorprendida, devolviendo el HTC a su dueño.
—¿Y las ha guardado todas? —preguntó— Es rapidísimo.
—Las guarda todas. Incluso te dice cuál de ellas ha salido mejor.
—El mío también lo hace —interrumpió el dueño del Galaxy S3—.
—Pero no se lo has enseñado —replicó el del HTC—. Además, el mío es mucho más bonito, seguro que es tu preferido.
—No vayas tan rápido —intervino el dueño del Samsung Galaxy Note—, que ahora me toca a mí.
La camarera recorrió en pocos pasos la distancia hasta situarse a la altura del participante. Este recogió su terminal, lo encendió y accedió a la aplicación de notas. Le alcanzó el aparato a la chica, algo extrañada por el tamaño del monstruo.
—Con este móvil se puede escribir sobre la pantalla como si fuera una libreta —dijo indicándole que estirara de la parte inferior derecha—. Y tiene su propio bolígrafo.
La camarera extrajo el S-Pen sorprendida, pasando a dibujar unos trazos sobre la pantalla. Por su expresión, estaba claro que aquello le gustaba.
—Es algo grande, pero, gracias a eso, también puedes hacer cosas grandes.
Mientras la chica devolvía el Galaxy Note a su dueño, nuestro amigo del Xperia daba los últimos retoques a su plan. Aprovechando el escaso tiempo antes de que fuera su turno, escribió unas palabras sobre la pantalla del teléfono, terminando justo cuando los cuatro le observaban esperando a ver qué podía ofrecer. Este se envalentonó y, con un tono de autosuficiencia, comentó.
—Sé que voy a ganar, este va a ser su preferido.
—Antes tendrás que demostrarlo.
—Eso.
La chica caminó hasta el dueño del Sony y lo recogió de entre sus manos, sintiéndose extraña ante las dimensiones minúsculas del teléfono en comparación con los otros tres. Sostuvo el móvil en alto y esperó instrucciones.
—Yo voy a mostrarle una etiqueta NFC.
—Pero… —replicó uno de los amigos— Tienes que demostrarle que tu móvil es mejor sin utilizar ningún otro.
—No te preocupes, no voy a enviarle la etiqueta a nadie. Sólo enseñarle cómo funciona —el dueño del Sony procedió a arrancar la aplicación de etiquetas NFC mientras la chica sostenía el móvil, ajeno a las miradas de los otros tres competidores. Y, al abrirse en pantalla completa, la aplicación mostró la etiqueta que había estado editando. La chica leyó sin saber muy bien a qué atenerse.
—Las etiquetas NFC van muy bien para intercambiar datos. Un número de teléfono con sólo tocar a otro móvil. O una dirección.
La chica devolvió el Xperia a su dueño. Este apagó rápidamente la pantalla.
—Seguro que mi móvil es el que más te ha gustado.
—Que va, será el mío —comentó el del Galaxy S3—.
—Dejadle a ella que elija —intervino el amigo del HTC—. ¿Cuál es tu móvil preferido?
La camarera se mantuvo pensativa mientras valoraba su decisión, observando atentamente a los cuatro contendientes de aquel combate tecnológico. Tras espacio de un minuto, ascendió la mano derecha y, extendiendo el dedo índice, señaló al amigo del Sony Xperia P.
—El de él es mi preferido.
Recogió la bandeja de la mesa y procedió a colocar encima todas las jarras y platos ya consumidos mientras, de reojo, miraba al dueño del Xperia y cómo este celebraba su victoria abochornando a los otros tres. Se irguió y procedió a volver al interior del bar, momento en el que los cuatro empezaron a discutir el objetivo del concurso.
—Supongo que ahora me pagaréis las cervezas durante un mes, igual que en la ocasión anterior. ¿A que sí?
—Es lo que nos toca… —se lamentó el dueño del Samsung Galaxy S3— Empezaremos por las consumiciones de hoy.
—No —se levantó apresurado el dueño del Xperia—. Las de hoy ya las pago yo.
Y dejando a los tres apesadumbrados tras una nueva derrota ante un móvil aparentemente inferior, siguió a la camarera hasta la caja mientras extraía con pena la cartera.

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