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¿Recordáis cómo empezamos la sección de relatos en Faqs Android? Si sois asiduos a nuestra página seguro que recordáis a nuestros cuatro amigos tratando de averiguar cuál era el mejor móvil, todo mediante una competición absurda donde ganó quien supo aportar un poco de ingenio. Aunque no es la única ocasión donde estos personajes protagonizaron un relato, ya que volvieron a portada con un relato sobre móviles preferidos, donde la trama volvía a seguir el hilo de las competiciones absurdas. Pues bien, ¿por qué no retomar a estos cuatro personajes para volver así a los orígenes de esta sección? Pues hoy cerramos el círculo con una tercera historia donde las envidias y las ansias de superioridad vuelven a tomar cuerpo, en una escena donde muchos de nosotros hemos participado. ¿Qué ocurre cuando cuatro personas alardean de sus teléfonos móviles? Pues algo parecido a lo que sucede en este relato…

Relato:El tamaño sí que importa

El tamaño sí que importa

No hay dos sin tres, este es un dicho popular que adquiría suma importancia para nuestro protagonista, acostumbrado a sacarle el máximo partido a aquellas situaciones en las que partía claramente con desventaja. Personaje carismático donde los haya y auténtico tacaño para sus amigos, estos solían sacarle los colores en todos los terrenos, aunque sobre todo en uno: el de la telefonía móvil. Los cuatro compartían amistad en torno a unas cervezas, unas tapas y sus móviles, derrochando su pasión por los botones y pantallas táctiles cada vez que se juntaban. Y eso solía ocurrir en la mañana de cada domingo, como aquel primer domingo del mes de noviembre que transcurría tan lento y pausado como la labor de limpieza habitual de cualquier gato doméstico.
Los cuatro compartían los hechos acaecidos durante la semana cuando, tras cesar el tema laboral en el que se habían liberado las tensiones acumuladas en sus respectivos empleos, nuestro protagonista colocó sobre la mesa de la terraza su nueva adquisición, un Samsung Galaxy Note 2 inmenso, impoluto y sin funda, apreciándose en toda su belleza cada una de sus curvas. Los otros tres no pudieron reprimir la sorpresa, acostumbrados como estaban a que su amigo no dispusiera de un móvil tan caro como el que sí solían poseer ellos.
—¿Qué? —dijo altivo nuestro protagonista—. ¿A que este no es tan malo como los que acostumbro a llevar?
—¿De dónde lo has sacado? —preguntó uno de los amigos recogiendo con cuidado aquel inmenso móvil—. ¿Tú no tenías un Sony Xperia P?
—Tenía. Pero ya iba siendo hora de cambiarlo.
—Pero si tú no sueles cambiar —comentó un segundo amigo mientras arrebataba el Samsung Galaxy Note 2 de manos del primero—. ¿Lo has robado?
—¿¡Cómo lo voy a robar!? —Respondió enfadado el aludido—. Me lo ha regalado mi compañía tras hacer un amago.
—Pensé que los amagos habían pasado a la historia —dijo el único amigo que quedaba por tocar el nuevo móvil agarrándolo entre sus manos—. Desde luego, has salido bien parado con el cambio. Este móvil vale una pasta.
—Móvil no —aclaró el dueño—. Phablet.
—Vale, vale… —asintió uno de los amigos colocando sobre la mesa su propio móvil, un Samsung Galaxy S3—. Ahí te doy la razón. Nuevo tamaño nuevo nombre.
—Ya sabéis cómo son los fabricantes poniéndole nombre a sus creaciones —dijo un segundo amigo asentando su HTC One X junto a los platos vacíos de tapas—. Basta que uno saque algo y lo llame de una forma para que el resto vaya detrás.
—Y tanto —se sumó el cuarto de nuestros personajes colocando junto a los otros su propio teléfono y el Note 2, que aún conservaba en las manos. Esto sorprendió a los otros tres, ya que él también tenía smartphone nuevo—. ¿Os gusta mi Sony Xperia T?
—Pero… ¿Tú no tenías un Samsung Galaxy Note?
—Tenía —respondió el dueño del Xperia T—. Pero lo vendí. Demasiado grande.
—¿Demasiado grande? —Se burló el del Note 2—. Pues a mí no se me hace tan grande.
—Venga —dijo uno—. Es inmenso.
—¿Por qué no lo reconoces? —Dijo otro—. Compáralo con el resto, el tuyo es un ladrillo.
—Eso —se reafirmó el dueño del Sony Xperia T—. Tu móvil es tan grande que no lo puedes manejar con una sola mano. Lo he vivido en carne propia, siempre vas a necesitar las dos.
—Eso es mentira —negó nuestro protagonista mientras imaginaba sus extremidades rodeando el teléfono. Puede que fuera un poco grande, pero no estaba dispuesto a dejarse amilanar por sus compañeros—. Estoy tan convencido de que puedo ganaros en cualquier terreno que me apuesto lo que sea a que se maneja igual de bien que cualquier otro más pequeño. O mejor.
—Venga ya…
—Eso es imposible.
—Sabes igual que nosotros que el tamaño sí que importa. Sobre todo en los móviles.
—¿Apostamos?
Cualquier situación suele acabar en tragedia con sólo pronunciarse este verbo, y aquella no iba a ser una excepción. Cuatro hombres empeñados en demostrar sus cualidades, sus habilidades y, sobre todo, sus conocimientos en móviles, siendo incapaces de mostrarse sensatos cuando alguien jugaba con su pasión tecnológica. Así que aquello no tenía otra solución que competir por ver quién era más fuerte, como neanderthales trasladados a la edad moderna.
—Apostemos —repitió el dueño del Note 2 viendo que sus amigos se lo estaban pensando. Quizá tuviese una oportunidad—. ¿Comparamos a ver quién es más rápido haciendo con su móvil determinadas tareas?
—Está bien —dijo el poseedor del Samsung Galaxy S3—.
—Me apunto —se sumó el del HTC One X—.
—No voy a ser menos —comentó el dueño del Sony Xperia T. Acto seguido, acotó las normas—. Cada uno propondrá su prueba y todos tendremos que realizarla a la vez —los otros tres asintieron—. Sumaremos un punto por cada victoria. El móvil que tenga más puntos gana.
—¿Y el premio?
—Un mes siendo invitado por el resto, ¿no? Como hacemos siempre.
—Estoy de acuerdo —asintió el dueño del Note 2. Pero no iba a quedarse satisfecho sólo con aceptar las normas, así que impuso una propia asegurándose con ello la victoria. O eso pensaba—. Eso sí: si alguien no puede hacerlo o se echa para atrás…
—Pierde automáticamente —adivinó el dueño del Samsung Galaxy S3—. Ya lo sabemos, que nos conocemos tus reglas.
—Venga —dijo el del Sony Xperia T—. Empiezo yo. Hay que escribir en Twitter “Va a ganar mi teléfono”. Y con la tilde, ojo.
Los tres se prepararon para el disparo de salida y, cuando quien planteó la prueba hubo realizado la cuenta atrás, todos se lanzaron contra sus teléfonos, entraron en la aplicación de Twitter y escribieron el mensaje, quedando bastante igualados en cuanto resultados. Aun así, ganó el dueño del HTC One X, que levantó el brazo en alto una vez pulsó sobre “Tweet”.
—¡Ya estoy!
—Y yo —dijo el dueño del Sony Xperia T con un deje de tristeza—. He ido rápido, pero no lo suficiente.
—Hala, un punto para el menda —el amigo del HTC alzó los brazos alternativamente en una danza de victoria, declarando así la supremacía de su móvil en la primera prueba—. No vais a ganarme.
—Eso lo veremos —dijo el dueño del Samsung Galaxy note 2 levantándose de la silla. Tras pensarlo durante el escaso tiempo que había tenido disponible, había determinado que su habilidad con la cámara podía suponerle cierta ventaja—. Ahora vamos a hacer fotos.
—¿Fotos? —Repitió uno—.
—Pero si tu móvil no es cómodo para fotografiar… —dijo otro—.
—Bueno —comentó el aludido—. Se trata de quitarle la fama de ladrillo al Samsung Galaxy Note 2, ¿no? —Los otros tres asintieron en silencio—. Pues así se le va a quitar de golpe.
Nuestro protagonista explicó las normas, mientras indicaba a sus amigos que se levantaran. Todo era aparentemente sencillo: tras la pertinente cuenta atrás, los cuatro sacarían el móvil del bolsillo estando este con la pantalla apagada, la encenderían, arrancarían la aplicación de cámara y le harían una foto al árbol que tenían justo enfrente de la mesa, ganando quien consiguiera enviar antes la imagen a cualquiera de los allí presentes.
—¿Está bien claro?
—Creo que sí —dijo uno—.
—¿Vale enviarla a cualquiera de nosotros? —Dijo otro—.
—A cualquiera —confirmó el instigador de la prueba—. Lo importante es ver quién consigue enviar antes una fotografía recién capturada partiendo con el móvil dentro del bolsillo del pantalón —el dueño del Samsung Galaxy Note 2 hacía de ejemplo mientras lo explicaba, poniendo a buen recaudo su teléfono. Este ocupaba completamente el bolsillo de sus vaqueros, quedando aprisionado entre el muslo y las capas de tela—. ¿Preparados? —Los otros tres pusieron sus móviles en sus respectivos bolsillos, manteniéndose expectantes—. Pues empezamos en tres, dos, uno…
El estrés se apoderó de los cuatro amigos espoléandoles a completar la prueba en el menor tiempo posible, retirando sus móviles del bolsillo al más puro estilo del oeste americano. Todos tenían amplia experiencia en este aspecto, manejándose con una mano mejor que Billy el Niño utilizando el revólver, aunque no cabía duda de que las manos y el tamaño de los objetos que han de envolver guardaban estrecha relación, porque hubo uno que no tuvo la certera habilidad para voltear el teléfono colocándolo en la situación idónea para fotografiar, saliendo lanzado por los aires sin que los reflejos consiguieran capturarlo al vuelo. Y ocurriendo lo que tenía que pasar: el Samsung Galaxy Note 2 cayó a plomo sobre el suelo de la acera a escasos centímetros del pie que se proyectó a la desesperada en un último intento de servir como colchón, desmontándose en varias piezas que, a simple vista, no suponían un desastre. Los cuatro observaron con terror, especialmente el dueño, cómo el S Pen, la tapa, la batería y el resto del móvil yacían inmóviles en el suelo, visualizando en directo la escena de un desastre.
—¡Mierda!
Poco importaban los lamentos o las palabras insultantes como descarga de rabia, el daño ya estaba hecho. El maltrecho dueño del Samsung Galaxy Note 2 recogió los pedazos armándolo entre temores, comprobando para su suerte que el móvil seguía en perfectas condiciones. Arrancó sin problemas, la pantalla estaba intacta, los bordes también… Aunque no ocurría lo mismo con la parte trasera, mostrándose una grieta enorme entre las capas de pintura que recubrían la tapa y amenazando con desconcharse todo el acabado reluciente. Un daño mínimo para tanto sufrimiento Aunque tuvo que claudicar dándoles la razón a sus tres amigos.
—Está bien —dijo nuestro protagonista sacándole el polvo a su teléfono con el faldón del jersey—. El tamaño sí que importa.

4 comentarios

  1. Gran relato @ivsu, estoy seguro que eso con el Xperia T no hubiera sucedido, y ya sabes el dicho los perfumes vienen en frasco pequeño. Saludos

    • Está retocada. Pero se me cayó el Note 2 una vez, y se hizo una minúscula muesca muy parecida. Sólo se ve si te fijas bien, pero la pintura se fragmenta como el cristal.

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