UMI

Parecía mentira, pero ya tenemos aquí a otro domingo. Y, como viene siendo habitual, también nos encontramos con nuestro relato sobre móviles, adentrándonos hoy en un terreno algo diferente del que estábamos acostumbrados. Tanto en el estilo de la trama como en su evolución, ya que se trata de una historia en la que esperamos que participéis. ¿Os acordáis de aquellos libros de “Elige tu propia aventura”? Pues algo parecido, ya que podréis escoger entre varias continuaciones con las que puede seguir la historia. Sólo tenéis que responder a este post con cualquiera de las dos opciones que os daremos, y nosotros elegiremos la que tenga más votos. Aunque primero habrá que leer el comienzo de la historia, ¿no os parece? Y esta seguro que os suena a muchos de vosotros. ¿Qué hacer cuando te encuentras con un móvil?

Relato: encontrarse un móvil no siempre es buena suerte

Encontrarse un móvil no siempre es buena suerte

Todo transcurría con normalidad para Carlos, la tarde daba de sí lo justo como para no echar de menos cualquier cosa que pudiera quedarse sin realizar. Había hecho la compra de la semana en el supermercado del centro comercial, guardado todos los alimentos en el compacto maletero de su también compacto utilitario, dio una última vuelta por el centro aprovechando que no había adquirido nada que necesitase de refrigeración y, tras comprar un par de accesorios para el ordenador que le entraron a primera vista y que, sin duda, no necesitaba, accedió a los servicios de la planta baja con la intención de aliviar su vejiga y quedar así listo para el viaje en coche de vuelta a su casa. Y fue justo aquí donde la rutina se trastocó, abriéndose la puerta a un espacio paralelo donde el tiempo se mezcló con sus lugares comunes quedando así al amparo del caprichoso destino. Y para ello sólo tuvo que abrir la puerta del váter.

En un primer momento no se dio cuenta. Carlos cerró la puerta tras de sí, una vez hubo entrado en el pequeño habitáculo que permanecía presidido por la taza, y colgó la bolsa con los accesorios de ordenador del gancho que se encontraba anclado a la pared. Se giró para darle la cara a la taza, inició el ritual de la micción y entonces reparó en ello: un móvil se encontraba en equilibrio sobre lo alto del portarrollos de metal, asentado en lo que antes se utilizaba como cenicero. Carlos miró el teléfono sin saber muy bien cómo actuar, identificándolo con la mirada mientras terminaba sus necesidades. Concluyó, se ajustó las prendas y recogió el móvil del portarrollos, inspeccionándolo en profundidad mientras la idea de quedarse con él se iba apoderando de sus pensamientos. Smartphone de última generación, de excelente calidad y condiciones, en funcionamiento y, según pudo comprobar tras accionar el botón de encendido, sin ningún tipo de bloqueo que le impidiera ser usado por otra persona. Él mismo o el que viniera detrás suyo, estaba claro que el dueño no iba a recuperar el móvil a no ser que volviera justo en aquel instante. Y como no lo hizo, y Carlos era bastante legal como para devolver el móvil si alguien le llamaba, decidió apropiarse de él y mantenerlo encendido hasta que llamase su dueño o alguien que le conociese, introduciendo el teléfono en el bolsillo y abandonando los servicios, para después hacer lo propio con el centro comercial, mientras sentía cómo el nerviosismo se iba apoderando de sus actos. ¿Y si finalmente se lo quedara?

Lo que empezó siendo un deseo, acabó siendo una realidad. A pesar de estar durante semanas encendido, nadie llamó preguntando ni por el móvil ni por su dueño. Tampoco había ningún contacto en la agenda, por lo que Carlos fue incapaz de localizar al que lo había perdido, pasando finalmente a usarlo como móvil personal al cabo de un mes de haberlo encontrado. Pero, justo al día siguiente de hacerse oficial el nuevo dueño, el anterior estiró del hilo que aún le unía con su antiguo teléfono móvil, apareciendo una llamada a pesar de que Carlos le había introducido su propia SIM.

—¿Hola? —preguntó Carlos extrañado al no tener el número en su agenda. En un principio pensó que era alguien que se equivocaba—. ¿Quién es?
—¿Es usted Carlos? —una voz masculina atravesó el hilo telefónico estallando en el auricular con una mezcla de enfado y amenaza—. Creo que tiene algo que nos pertenece.

Carlos pensó con rapidez. No conocía aquella voz, pero quedaba claro que no ocurría lo mismo en sentido contrario. Y ese tono amenazador unido a la afirmación de que tenía algo que no era suyo sólo podía tener un objetivo: el móvil que se había encontrado en el baño y con el que había respondido a la llamada.

—¿Es usted el dueño del teléfono? —preguntó Carlos manteniendo la calma—. He tenido el móvil durante casi un mes encendido, pero no me ha llamado ant…
—No importan las circunstancias ni qué ha ocurrido a raíz de ellas. Necesitamos ese móvil, y no estamos dispuestos a perderlo de vista.
—Pero… ¿Cómo me han llamado si tiene mi número?
—Tenemos nuestros métodos —la voz hizo una pausa mientras consultaba algo con otra persona que tenía cerca. Carlos trató de distinguir lo que decían, pero le fue imposible—. Devuélvanos lo que es nuestro.
—No hay problema. ¿Dónde quieren que se lo envíe?
—Vaya mañana a las dos de la tarde al mismo servicio donde encontró el móvil.
—Oiga, yo no quiero tener nada que ver con uste…
—Mañana a las dos de la tarde —repitió la voz interrumpiendo a Carlos—. Y ni se le ocurra faltar.

Y, tras soltar esta amenaza, el interlocutor cortó la comunicación.

Ahora sólo falta que votéis por la continuación de la historia. Y sólo hay dos opciones lógicas:

  • A: Carlos acude a la cita.
  • B: Carlos decide no acudir.

¿Cuál será el desenlace para nuestro protagonista? Vosotros tenéis la llave.

23 comentarios

  1. Yo voto por la A. Tampoco son maneras de tratar a la gente. Es más, me deshago del movil y que les den.Que no se lo hubieran olvidado (encima que lo tuvo un mes encendido por si llamaban… pocos lo harían).

  2. Pues yo voto por la A, quiero saber quien es la gente que busca el móvil. A ver si por no acudir a la cita no nos vamos a enterar al final.

  3. Voto por la A. Ahí se dará cuenta que son unos colegas que le están tomando el pelo aprovechando lo paranoico que se volvió desde que encontró el preciado terminal 😀

  4. Yo opto por la opción A, es decir, a ninguno nos gusta que nos pasen estas cosas y lo mejor para no buscarse líos es devolviendo el móvil.

  5. jajaj la b no voy ni harto de grifa lo q yo me encuentro yo me lo quedo y si tienen algun problema acudo a la cita y de el baño no sale ni dios porq los cacheo a todos jaajajajaj

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