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Cómo pasa el tiempo, cualquiera diría que ayer mismo fuera domingo… Vale, ha transcurrido una semana, pero seguro que todos tenéis fresco aún el relato del domingo anterior, donde concluía nuestra historia sobre el NFC asesino. Pues hoy vamos a cambiar absolutamente de registro en cuanto a la temática de la historia y a su formato, adentrándonos en el terreno de los monólogos de humor con una trama que da mucho juego: la evolución de los móviles. Hablando en terreno personal, y si ya tenéis unos años toqueteando móviles como me pasa a mí, seguro que por vuestras manos habrán pasado un buen número de ellos, desde aquellos con pantallas monocromas de dos líneas de texto a los últimos smartphones con varias pulgadas para su panel y a todo color. ¿Echamos una ojeada a toda esta evolución en los móviles? Y en clave de humor, para que despidáis esta semana con una sonrisa.

Monólogo sobre la evolución de los móviles

La evolución de los móviles en monólogo

¿Alguien se ha dado cuenta de cómo han evolucionado los móviles? No, no me refiero al hecho de que su potencia se multiplique al mismo ritmo que las demandas entre Apple y Samsung, sino a cómo han cambiado en general los teléfonos portátiles y nuestras costumbres en relación a ellos. No hace demasiados años, si escuchabas a alguien hablar en voz alta era síntoma de que te encontrabas paseando cerca de un psiquiátrico. Ahora, no sólo es bastante común escuchar a la gente hablar en voz alta, sino también verles gesticular como a un entrenador de fútbol con 10 goles en contra. Sí, esto también ocurre en los psiquiátricos. O campos de fútbol, que más o menos vienen a ser lo mismo…

Los móviles han cambiado nuestra vida, eso es algo que no se puede negar. Tanto como el microondas ha cambiado la vida del soltero. Antes, tenías que esperarte en casa hasta que te llamaran, sentado en el sofá mientras adorabas aquel pedazo de plástico gris con su cable enrollado. Como ese grupo de rumanos que espera a que el técnico de Movistar coloque el tendido telefónico, con los nervios a flor de piel y esperando el momento de levantar el teléfono. ¿Alguien ha pasado alguna vez una tarde entera aguardando a que le llamara su pareja? A mí no me ha ocurrido porque no tuve novia hasta los 25 años, y para ese momento ya se llevaba lo de mandar mensajes o hacer llamadas perdidas, pero conozco gente que no se levantaba del sillón durante horas esperando el sonido del timbre, ese “¡RIIIINNGG!” que, paradójicamente, se ha convertido en un tono de móvil muy popular. Y durante esa espera, ni se levantaban para ir al baño. Un amigo mío estuvo una semana entera sin salir de casa, hasta que su madre acabó castigándole por mojar el sofá. Y eso que la arena del gato estaba justo al lado…

Si hablamos de llamadas, es precisamente aquí donde más nos ha cambiado el teléfono móvil. Al principio, los móviles sólo servían para llamar, trasladando el viejo y pesado teléfono de casa a cualquier parte. Igual de pesado, por cierto, hasta que se fueron haciendo tan pequeños como sus antenas. ¿Quién se acuerda de que los teléfonos portátiles antes tenían antenas? Casi siempre extensibles, como la espada de un Jedi. Y aparatosas, como la espada de un Jedi. Y capaces de mejorar la cobertura, como la espada de un… No, en este caso no, para cobertura la del casco de Darth Vader. Pero sí hay que ser conscientes de que la miniaturización fue disminuyendo el peso en nuestros bolsillos, hasta encontrarnos que, para sólo llamar y mandar SMS, tampoco era necesario tener algo tan pequeño. Y se popularizaron los smartphones, la excusa perfecta para invertir la tortilla y volver a echarle huevos, los necesarios para salir de casa con un ladrillo que ocupa casi como una mano. Las antiguas Palm o los primeros Nokia con Symbian permitían hacer muchas cosas, también pesas. En serio, yo he visto culturistas haciendo bíceps con dos Nokia Communicator…

Desde los famosos StarTac, auténtico icono de Motorola, a los actuales smartphones con Android han pasado unos años, aunque no tantos. Todos tenemos claro que hacer llamadas y SMS estaba bien en su momento, pero ninguno podríamos estar ahora sin todas esas aplicaciones que nos enriquecen la vida consiguiendo que un aparato como el móvil acabe resultando tan útil. Como las apps de pedos o las de chicas en bikini, ¿qué haríamos sin ellas? O los juegos… Porque puede que ahora haya una variedad de juegos inmensa y para todos los gustos, pero antes también existían. Vale, no podías descargarlos y tenían menos calidad en los gráficos que la restauración del Ecce Homo, pero también la serpiente nos ha entretenido durante horas. Y hablo de los Nokia, no de mis tiempos de adolescente… Que levante la mano quien no se haya picado por batir su récord en un 3310. Vale, ahora están las tablas de logros sincronizadas por internet, pero no es lo mismo. Como comparar la interfaz de un iPhone y la de un Samsung. Esto… mejor dejo estas comparaciones, que aún no tengo abogado…

Hablando de aspectos que no son iguales. Antes los móviles tenían antenas por fuera, ya lo he comentado, ahora se llevan por dentro, como los beneficios de un yogur con bífidus. Antes los móviles no llevaban cámara, ahora hay cámaras que, además, tienen móvil, creciendo en megapíxeles como el Mario tras comerse una seta. ¿Alguien ha pensado en el mundo al revés? Pues ahora lo más absurdo de todo: antes los teléfonos móviles servían para llamar. Y ahora… ¿Cuántas llamadas hacéis al cabo de un mes? Queda claro que la meta de este aparato no ha cambiado a lo largo de los años, y esa meta no ha sido otra que la de comunicarse. Por lo que, a mayor potencia de procesamiento, mejor definición de pantalla, mayor tamaño de esta y más opciones de conexión, también han aumentado enormemente las formas de comunicarnos entre nosotros, hasta el punto de que ahora tenemos un exceso de eso mismo: de comunicación. Si hace unos años hubiéramos afirmado que compartiríamos nuestras ideas al instante con millones de personas nos hubieran tachado de locos. Y ahora no, sólo nos harían unfollow.

¿Pensáis que los móviles nos han cambiado para mejor o para peor? ¿Su evolución nos ha hecho evolucionar a nosotros también o, como un intelectual viendo la tele, nos ha echado para atrás? Analizando toda la historia, queda clara una cosa: los móviles ahora son mucho más divertidos. ¿No es esta una razón de peso para adorarlos? Pues pongamos nuestros móviles sobre la mesa, encendamos sus pantallas y démosles las gracias por todas las alegrías que nos han dado. Si se apagan en menos de un minuto es que, para devolvernos el gesto, son ellos quienes nos dan las gracias.

2 comentarios

  1. Genial relato @ivsu, llámame antiguo, pero aparte de todo lo que has mencionado en la evolución yo lo suelo utilizar para llamar. Lo importante es poder hablar que rezaba el anuncio de moviline. Saludos

    • Ese sí que es un anuncio antiguo… Moviline. 😀
      Lo bueno de un móvil es que ofrece tantas opciones que cada uno lo usa según sus necesidades. Incluso para llamar. 😉 Y no por eso se es antiguo, por supuesto.

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