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Ya hace un tiempo que no publicábamos el relato de los domingos, y hoy vamos a ponernos a ello ahondando en el terreno más humorístico con otro de esos monólogos que de vez en cuando van aterrizado por la sección. ¿Y qué tema hemos elegido? Pues uno con el que todos os habréis topado en alguna ocasión, ya sea hablando con vuestros abuelos, padres o con cualquier otro usuario, o posible usuario, de móviles que tenga edad avanzada. ¿Cómo se llevan las personas mayores con los smartphones? Seguro que, a bote pronto, todos tendáis a decir que se trata de una relación mal avenida con pocas posibilidades de reconciliarse, aunque eso no es del todo cierto, existiendo usuarios con gran capacidad de uso a pesar de su edad. ¿Hacemos un análisis del asunto? Siempre tratando de levantar una sonrisa, siendo la única intención del monólogo que está a punto de empezar.

Monólogo: las personas mayores y los móviles

Monólogo: las personas mayores y los móviles

La tecnología ha dejado de ser una barrera para aquellos menos habilidosos con los botones, llegando a todo el mundo casi por igual. Primero con los ordenadores para luego facilitar aún más las cosas con los móviles y, últimamente, incluso con las tablets, abarcando en los dos últimos campos la totalidad de los posibles usuarios. ¿Y quiénes son los que se han más visto favorecidos con la agilidad tecnológica? Las personas mayores, aquellas que con sólo ver un ordenador ya te decían: “Uy, esto es muy complicado para mí”, utilizando ahora los smartphones con tal soltura que hasta saben usar el Bluetooth emparejándolo con el audífono. Y claro, basta que llames a tu abuelo para que te diga que mejor le mandes un Whatsapp, perdiéndose tu mensaje entre el grupo de amigos de petanca. ¿Tenéis un abuelo así? ¿Os ha recomendado alguna ROM para vuestro teléfono de la que no teníais ni idea? ¿O tal vez prefiere mantenerse tan alejado de esos cacharros del infierno como de un paquete de acciones preferentes? Pues hoy vamos a analizar cómo se comportan las personas mayores frente a los teléfonos móviles. Siempre en tono simpático, como un chiste con gatitos…

Bien, lo primero que hay que hacer es distribuir al objetivo, por lo que realizaremos una clasificación según los perfiles más habituales de las personas mayores. Primero, están los que se cierran en banda a cualquier evolución tecnológica más allá de la cuerda con imán para recoger las bolas de petanca, afirmando que ya tienen muchos años como para aprender de nuevo tanta pamplina. Segundo, están las personas mayores que se enfrentan a los teléfonos móviles con empeño y sin la habilidad suficiente, consiguiendo que se pierdan entre los menús llegando a desconfigurar el smartphone al intentar hacer una simple llamada. Y en tercer lugar están, evidentemente, los que tienen tanta habilidad con la tecnología como para desenvolverse mejor con ella que un italiano en un equipo de voleibol femenino, siendo auténticos maestros en el uso de smartphones. Siempre que lleven las gafas, claro. ¿En qué grupos pondríais vosotros a las personas mayores que tenéis más cerca? Analicemos un poco a cada uno.

Siendo objetivos, hemos de decir que la tecnología ha avanzado a un ritmo tan trepidante que resulta lógico que alguien no haya podido adaptarse, sobre todo si tenemos en cuenta que en España no hemos tenido un acceso universal a ella hasta hace sólo quince o veinte años. Pero, dicho esto, también hemos de decir que hay quienes se niegan en redondo a aprender más allá del hecho de hacer llamadas, estando más perdidos con su smartphone que un Gnomo de jardín en el desierto. ¿Y qué es lo que suele ocurrir? Pues lo lógico: que resulta imposible localizarles a pesar de que tengan móvil, habiendo dejado por imposible aquel trasto que no entienden, olvidándoselo en casa o, lo que es peor, teniéndolo apagado pensando que, si les llaman, se enciende automáticamente (verídico). ¿Y qué hacer con ellos? Seguramente piensen lo mismo que nosotros, pero en sentido contrario: ¿es necesario tener un aparato tan complicado en el bolsillo cuando puedes llamar a cualquier persona al fijo de casa? Quizá sean los únicos que aún le vean futuro al teléfono de toda la vida o, simplemente, sean revolucionarios que se niegan a rendirse al futuro, pero hay algo claro: no dejan de tener razón. Al fin y al cabo, antes se vivía más tranquilo. ¿Quién necesita tanta tecnología existiendo el lápiz y el papel? Aunque hay que confesarlo: la mayor parte de nosotros ha perdido la habilidad de escribir sobre el papel (yo incluido). ¿Tendrán las personas mayores de este grupo ese miedo a perder el hábito de lo que han estado usando toda la vida?

Vale, un porcentaje muy alto de las personas mayores se cierran en banda a modernizarse, pero existe otro tanto por ciento que sí siente atracción por la tecnología móvil. Aunque claro, como supone un cambio drástico de todo lo que están acostumbrados y no lo han ido viviendo desde pequeños como nos ha ocurrido a nosotros, se encuentran tan extraños en ella como un troll leyendo un poema, poniéndole mucho interés sin obtener resultados. Son de los que te están preguntando continuamente por “¿cómo entro al email?” o “¿de verdad que no me cobran por enviar un Whatsapp?”, derivando cualquier conversación con ellos en una eterna batería de preguntas que, al final, siempre acaban siendo las mismas. Y es fácil distinguirles: un smartphone metido en una funda típica de los antiguos Nokia (normalmente de aquellas que se anclaban al cinturón), gafas a media nariz mientras miran la pantalla del teléfono como si estuvieran descifrando el auto de un juez y lectura en silencio de las letras en pantalla articulando los labios al compás de los pensamientos. Y no les culpamos por no entender los teléfonos. De hecho, ni los que escribimos sobre ellos los entendemos, habiendo experimentado una dificultad tan progresiva como una erección en unos pantalones vaqueros. ¿Quién no envidiaría el empeño de quien sigue tratando de entender lo que se le resiste? A nosotros nos parece digno de orgullo.

¿Y qué ocurre con aquellas personas mayores que disfrutan con los móviles y tienen más habilidad con ellos que un niño de tres años manejando una tablet? Vale, quizá no pueda decirse que sean el bando más numeroso de estos tres grupos que hemos hecho, pero no cabe duda de que también existen. Como Teruel o el sexo a los sesenta, no son ningún tabú. Capaces de mandar Whatsapps a la velocidad de la luz, de probar las aplicaciones de moda o de entender qué es la permanencia, convirtiéndose en unos auténticos cracks de la pantalla táctil. De hecho, se han visto abuelos dando lecciones incluso a dependientes de telefonía móvil (algo no demasiado difícil, por cierto), demostrando que los estereotipos pueden ser tan falsos como cualquier político. ¿Conocéis a alguno? Nosotros a unos cuantos. De hecho, a veces les pedimos consejos…

Tras haber analizado a las personas mayores seguro que muchos estarán en desacuerdo y habrá quienes se molesten por encontrarse catalogados, aunque no hay ninguna intención de hacer burla gratuita: todos disponemos de unos patrones muy claros a la hora de enfrentarnos a un smartphone, tengamos la edad que tengamos. ¿Quién no conoce a personas de menos de treinta años que ignoran cómo funciona su teléfono? Está claro que no resulta sencillo estar al día de todo lo que se cuece en este mundo tan cambiante, siendo la tecnología móvil uno de los segmentos donde más se pisa el acelerador. Y tras haber hecho el análisis al uso de los móviles por parte de las personas mayores sólo nos queda un apunte: a nosotros también nos llegará el momento. Y entonces, ¿estaremos igual de perdidos ante la última tecnología que nos muestren nuestros nietos? ¿Le pondremos voluntad sin llegarla a entender en la vida? O, por el contrario, ¿nos enfrentaremos a ella como auténticos Quijotes que no le tienen miedo a molinos con hologramas? Pensadlo.

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