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¿Relato? ¿Vuelven las historias de ficción a FAQsAndroid? Pues sí, al menos intentaremos que así sea. El que las escribe, que no es otro que yo mismo, disfruta enormemente desarrollándolas, pero no siempre encuentra el tiempo (ni las ganas) necesarias para poner en la pantalla las ideas que dan saltos por su cabeza. Y espero que este relato de hoy sea el inicio de una vuelta segura a la portada de los domingos, trayendo con la sección una manera muy diferente de ver el panorama tecnológico en general y el móvil en particular.

Para empezar, nada como una pequeña historia sobre una enemistad ya clásica dentro de la telefonía móvil, que no es otra que la animadversión entre Android y iPhone. ¿Tiene sentido? ¿Puede compararse a otras aficiones? Veamos qué es lo que opinan los tres protagonistas del relato que viene a continuación. Como ellos mismos descubrirán, las peleas son tan ilógicas como los argumentos que las fomentan.

Relato: ¿Ya vamos a empezar?

¿Ya vamos a empezar?

—¿Ya vamos a empezar?
Ésta era una frase clave para el grupo de amigos, no había noche que no se pronunciase al menos una vez. Sin que la coletilla correspondiese a uno de los tres amigos en particular, tarde o temprano uno del trío pasaba a ofenderse en una de tantas conversaciones sobre móviles y saltaba, esgrimiendo la razón, contra los otros; como acababa de ocurrir aquella noche, por supuesto. El bar se encontraba abarrotado de personas presenciando el partido de fútbol mientras gritaban y aplaudían cada jugada dependiendo del bando al que perteneciesen, armando un barullo tal que aquel “¿Ya vamos a empezar?” había subido de tono en un intento de sobresalir del bullicio. Y, a tenor de las caras que se volvieron en el radio más cercano al grupo, la subida de tono había sido excesiva.
—Volvemos a lo mismo de siempre.
—Lo mismo de siempre no. ¿Acaso alguno de vosotros puede negar que el iPhone es el móvil más fiable que existe?
La discusión había comenzado por un comentario del amigo con Android sobre el problema de las aplicaciones inseguras que últimamente estaba azotando su sistema operativo, enzarzándose con su amigo del iPhone en cuanto éste hizo alusión a la seguridad de su propia tienda de apps. El tercero en discordia, el de Windows Phone, se mantenía expectante sabiendo que tarde o temprano tendría que meter baza, y no veía el momento, ni el argumento, con el que saltar.
—Creo que hace mucho tiempo que no usas un Android.
—Y cuanto más tiempo haga, mejor. No quiero que se me caigan las manos.
—Si no tuvieras manos estarían a juego con tu cerebro, que tampoco tienes —el amigo partidario de Android dudó por un instante si debía o no rematar su argumento, pero fue incapaz de resistirse al “Fatality”—. Como todos los que tenéis un iPhone.
El contrario iba a replicar con algo menos ingenioso y más cargado de ira, pero, al ir a soltar sus palabras para que corneasen a todo lo que se moviera como una manada de toros recién puesta en libertad, el barullo repentino del bar le interrumpió ahogando sus intenciones, estallando dicho barullo en una orgía de vítores, aplausos y piropos. Los tres amigos se quedaron en silencio observando al resto de clientes mientras su propia discusión se diluía en el ambiente fiestero, cayendo en la cuenta de que no todos compartían la alegría. Al fondo, como recluidos en una cueva acechada por lobos, un grupo de hinchas contrarios agachaba la cabeza mirando hacia otro lado, temiendo que los demás les importunasen sólo por pertenecer al otro equipo.
—¿Habéis visto? —Comentó el amigo de Windows Phone—. Nunca entenderé el fútbol.
—Ni yo —dijo el amigo del iPhone—. No logro comprender que alguien demuestre tanta pasión viendo algo en una pantalla.
—Pues bien que alucinas con las keynotes de tu querida Apple…
Vuelta a empezar. Como dos machos alfa luchando por su hombría, el de iPhone fue incapaz de mantenerse callado ante el chiste de su amigo de Android, volviéndose hacia él con el rostro cargado de rabia mientras, en su cabeza, bailaban diversos argumentos en busca una pareja con la que saltar a la pista de baile. Y justo había encontrado los que necesitaba, el paripé de Google cada vez que presentaba nueva revisión de su sistema operativo y su manía de ponerle nombres de dulces, llevada al extremo con la idiotez de bautizar la última con Kit-Kat, cuando, nuevamente, estalló el griterío entre el resto de asistentes al bar. Aunque esta vez fue diferente a la ocasión anterior: los vítores se transformaron en abucheos, los aplausos en puños balanceados en alto y los piropos, como no podía ser de otra manera, se tornaron en insultos. También cambió la actitud del grupo de hinchas recluidos en el fondo del bar que, como si hubieran tomado un trago de poción mágica, salieron de su cueva gritando enaltecidos. Acto al que respondieron los del otro equipo, mayoría en el bar, formando tal algarabía de improperios y amenazas que, de no ser por pacificadores de ambos bandos, hubiese acabado en tragedia.
—Qué peligro tiene el fútbol —comentó el de Windows Phone apurando de un trago lo poco que le quedaba de consumición—. De verdad que no entiendo tanta enemistad.
—Ni yo —dijo el del iPhone levantándose de la mesa sin acabar su vaso—. Se vuelven locos por tonterías.
—Cierto —el amigo con Android dio la razón a los otros dos al tiempo que sacaba la cartera y negaba con un gesto el amago de sus amigos por ir también a pagar—. Es un sinsentido. ¿Por qué pelearse? ¿Sólo porque te gusta otro equipo?
—Claro —dijo el de iPhone pasándole el brazo por los hombros—. ¿Te imaginas que nosotros dos nos enfadáramos sólo porque nos gustase un equipo diferente?
El de Windows Phone les miraba esbozando una sonrisa al tiempo que dudaba si intervenir o no, ganando finalmente el sí. Sin dejar de sonreír, les hizo un comentario irónico sobre su enemistad tecnológica, recibiendo, a cambio, la coletilla como respuesta.
—¿¡Ya vamos a empezar!?

Relato: ¿Ya vamos a empezar?

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