En este episodio especial de El rincón del cuñao, nuestro personaje habla del importante papel que ha tenido en todas sus conversaciones de Navidad.

¿Qué tal estáis? Hoy me han dejado a los mandos de esta sección, por lo que no esperéis los típicos chistes sarcásticos ni tampoco la simpatía idiota de quien me entrevista: hoy hablaré sólo yo, el cuñao. Aunque tampoco sé por qué me han puesto ese calificativo porque, más allá de que sí soy el cuñado de alguien (a las parejas de mis hermanos les cayó la lotería conmigo), no me considero ni un sabelotodo ni un entrometido. ¿Que tampoco me considero idiota? Pues no, para qué nos vamos a engañar: soy de ésos que siempre tiene la mejor respuesta; o de los que vale la pena elegir como pareja a la hora de jugar al Trivial. También soy muy humilde. Que sí, lo soy. ¿Quién se ríe?

El rincón del cuñao: conversaciones de Navidad

Veamos, de qué quería hablaros… Ah, sí: de cómo he pasado la Navidad y de lo mucho que he tenido que esparcir mi sabiduría. Ya sabéis: siempre hablando en términos de móviles Android, que es mi mayor especialidad. ¿Creéis que puedo estar a gusto viendo cómo se habla de WhatsApp, de móviles chinos o de juegos Android sin poner de manifiesto mi punto de vista? Ni mucho menos; y las cenas y comidas familiares son de los mejores terrenos donde quitar las dudas en términos de tecnología.

No quiero enrollarme más, vayamos con las anécdotas. Era la Nochebuena en casa de mis suegros, estábamos todos sentados a la mesa mientras sonaba de fondo alguno de esos programas de televisión que parecen hechos sólo para malgastar el dinero (¿quién se lo llevará crudo?) y, después de la obligada tertulia política (no voy a posicionarme en este punto, que luego me llaman el “coletas”), comenzaron las preguntas sobre móviles. Que si algunos se sorprendían de que se pudiera usar WhatsApp desde el ordenador (sí, en serio), uno que respondía a cualquier cuestión con un “el iPhone es mejor“, la típica conversación en una de las esquinas de la mesa que hablaba de los juegos más idiotas que habían descargado en su teléfono… Y mi suegro que saca su móvil nuevo, un Samsung Galaxy S6 Edge Plus que le ha “regalado” su operadora a base de subirle la tarifa un 300 %, asegurando que era el mejor de toda la mesa.

“Mi móvil es mejor que el vuestro. Sí, mejor que ese iPhone”

El del iPhone seguía a lo suyo, pero no sólo a él le hervía el orgullo: yo tuve que saltar con mis apuestas. ¿No hay nada mejor que un S6 Edge Plus? A ver, reconozco que es un gran smartphone, pero el Xiami Redmi Note 3 que llevo en el bolsillo le da unos cuantos repasos en muchos puntos.

  • ¿Ah, sí? ¿En cuáles?

Recuerdo a la perfección la cara de mi suegro lanzándome la pregunta como quien se quita de encima una granada esperando que le explote al que va a recogerla. Pero no me amilané, que para eso yo llevaba la razón. Y también tengo nociones de cómo desactivar granadas, ojo.

  • Para empezar, mi Xiaomi cuesta casi tres veces menos que ese Samsung.

Xiaomi Redmi Note 3

Mi suegro replicó la retahíla de excusas conforme él no pagaba nada, pero eso no se lo repliqué (ya se sabe que un móvil “regalado” se paga con creces). Busqué el precio oficial en la tienda de Samsung, después lo que a mí me costó el Xiaomi Redmi Note 3 y mostré ambos a toda la mesa. Hubo unos murmullos de aprobación, unos cuchicheos que no se atrevían a subir de tono debido a la presión del cabeza de la familia; pero estaba claro: todos me apoyaban. Algo lógico, por otra parte.

  • No, ni tiene esquinas curvas ni el logo de Samsung escrito por su cuerpo, pero es capaz de ofrecer la misma experiencia que un móvil tres veces más, caro; en este caso, el tuyo. Encima, su software suele actualizarse cada semana, incluye un procesador que no tiene mucho que envidiarle al del Edge, su pantalla 1080p no posee exageradas diferencias con respecto a la qHD ofreciendo un gasto en batería mucho más reducido… Y lo mejor: no me tiene atado a ninguna compañía, habiéndome ahorrado en su compra y en el gasto mensual.

Samsung Galaxy S6 Edge

Sé que esto siempre es difícil explicarlo y conseguir que se entienda, por lo que a mí me tocó hacerlo de nuevo ante toda mi familia. Y en la cena de Nochebuena, por supuesto. Me bajé mi factura: 12 euros con datos y llamadas; comparamos la de mi suegro: 45 euros con datos, llamadas, una televisión que jamás ve desde el teléfono, el costo del móvil pagado a plazos, una permanencia de 24 meses… Sólo tuve que hacer un poco de matemáticas multiplicando lo que a mi suegro le tocará pagar en dos años comparando lo que pagaré yo.

  • Pero tu compañía de móviles no la conoce nadie, igual que la del móvil.

Y aquí se redujo básicamente la cuestión: la fama es lo que prima a la hora de elegir el móvil y los servicios. ¿Me sorprendió? Ni mucho menos: es algo que veo a diario. Aunque lo que sí que me sorprendió es que nadie entendiese que apostando por un móvil y una operadora menos conocidos obtuviesen la misma experiencia por un precio ridículamente inferior. Y claro, luego soy yo el que se lleva el mote de “cuñao”: porque me empeño en explicarle a los que no saben cómo ahorrar dinero invirtiendo en lo mejor.

¿Resultado de la Nochebuena? Media familia en contra porque, según ellos, “me hice muy pesado con los móviles”; un suegro borracho bailando “la gozadera” en calzoncillos; mi hermana rompiendo con su novio en los postres; indigestión con las gambas de tener ocupado el baño toda la mañana de Navidad; y una buena dosis de calzoncillos que engrosa mi colección de trofeos navideños. En fin: tampoco salió tan mal. y aún me queda Año Nuevo y Reyes…

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