La batalla contra Qualcomm que emocionó a Spielberg

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A nadie le gustan los monopolios y no hay más que ver los movimientos de los pesos pesados de la industria móvil para tratar de arrebatar a Google parte de su poder sobre Android. Amazon, Xiaomi, Samsung e incluso Microsoft, como artista invitado, tiran con distinta fuerza de proyectos por separado que buscan curiosamente lo mismo, recuperar parte del pastel que Google guarda en la alacena. Podría decirse que en el sector de los procesadores móviles ocurre tres cuartas partes de lo mismo, con un Qualcomm representando todo el poderío estadounidense frente a sus competidores, cada vez más numerosos y mejor armados. Los últimos movimientos hablan de que podrían estar fraguándose tantas rebeliones que el gigante de los chips no podría sofocarlas todas. En el centro, el Snapdragon 810. El que debía allanar el futuro de la compañía se está convirtiendo en una gran piedra en su camino.

La batalla contra Qualcomm que emocionó a Spielberg

Con un parque de chips que ronda los 1.200 millones de unidades anuales, tan sencillo de mencionar como difícil de imaginar en su conjunto, puede decirse que Qualcomm vive en un reino de opulencia al que le importan poco los movimientos de sus rivales. MediaTek, con un importante pico del mercado, y otros actores como Intel, Nvidia o Exynos, han alcanzado ya los 64 bits y potencia más que suficiente para plantarles cara. El problema viene cuando tus propias tierras peligran y algunas amenazan con ser independientes, tierras como las de Samsung o LG.

La polémica sobre el calentamiento del Snapdragon 810 ha podido ser la excusa ideal para que Samsung diese el paso y todo apunta a que este año será el elegido para el máximo crecimiento de Exynos, los chips del propio fabricante. Las características de Samsung, a todos los niveles de hardware y software, convierten a los coreanos en el primer aspirante a ser una isla tecnológica que no dependa prácticamente de nadie. A ninguna compañía le amargaría un dulce de este calibre y mucho menos a un Samsung con ínfulas de líder del sector al que le está costando asumir que su cuota de mercado ha de descender necesariamente. Corren nuevos tiempos y la competencia evoluciona. La decisión de montar sus Exynos en el Galaxy S6 sin ofrecer variante Snapdragon puede ser la primera de otras muchas que hagan que los 280 millones de dispositivos anuales de los coreanos acaben lejos de Qualcomm. Un duro golpe, sin duda, después del terreno conquistado dentro del fabricante coreano.

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A esta rebelión de Samsung, la más dura que puede sufrir Qualcomm, puede sumarse la de un LG con unos 60 millones de dispositivos anuales sin contar tablets y relojes. Es lógico que los americanos tengan menos miedo de que en LG decidan ponerse a fabricar sus propios procesadores pero sí debe afectarles que todo sea humo procedente del mismo fuego. El Snapdragon 810 se calienta, Samsung se queja como excusa para poner pies en polvorosa y Qualcomm modifica el diseño provocando la ira de LG con partidas del 810 en uso. Desvestir a un santo para vestir a otro que puede estar haciéndote la cama.

No es sólo Android quien da vida a Qualcomm pero sin duda es el sistema operativo que le genera la inmensa mayoría de sus beneficios. Compañías como Microsoft o Jolla también optan por los Snapdragon pero representan tan bajo porcentaje que las cifras son casi despreciables. La supremacía de Qualcomm en Android puede estar comenzando su final. Como decíamos al principio, a nadie le gustan los monopolios y mientras Google parece representar un nexo de unión necesario para la compatibilidad entre amplicaciones, al menos a día de hoy, la presencia de uno u otro chip es bastante menos importante. Sobre todo con el estado actual de cada uno de los participantes en el juego de la fabricación de cerebros para smartphones.

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Qualcomm haría bien en tomar en cuenta la queja de LG, en analizar los motivos de ese atisbo de huída que se presenta en el horizonte. En su momento ya hubo tensiones con HTC a causa del Snapdragon 800 pero los taiwaneses eran demasiado débiles para copiar la jugada de LG. Solventar estos problemas haría que se evitasen futuras fugas porque, ¿qué pasaría si a algún ejecutivo de Xiaomi se le pasase por la cabeza fabricar sus propios procesadores? Se presenta un camino nublado para Qualcomm, confiemos en que sepan capear el temporal y no acaben sacando el paraguas. Esos 1200 millones de chips anuales pueden acabar convertidos en la mitad. Torres más altas han caído.

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