Sobre el futuro de Samsung se han elaborado tantas teorías como modelos ponen cada año en el mercado los de Corea del Sur, y es que un fabricante con el peso específico de los responsables de los Galaxy no puede evitar estar en boca de todos, incluso cuando no hace nada para merecerlo. Pero ahora no es el caso, los coreanos andan inmersos en un proceso de renovación que está afectando tanto a la configuración de su catálogo, como comentamos en el abecedario de Samsung, como al propio interior de sus terminales. La sensación a priori es que buscan la independencia de todo y de todos, convertirse en una isla que les haga diferenciarse hasta en el más mínimo aspecto. Bueno, quizá en el sistema operativo no pero, ¿y si buscan un Android sin Google?

Samsung no es un fabricante demasiado generoso, no le gusta trabajar en equipo y no le importa tomar de otros aquello que le convence y hacerlo suyo. Es una política comercial que durante un tiempo le ha dado réditos más que sobrados como para pensar que quizá los errados éramos nosotros, que criticábamos una moral que no debimos asociar nunca a una compañía de semejante calibre. Ocurrió con los primeros diseños de su colección y ha ido ocurriendo con el software. ¿Recordáis aquella comparativa entre el software de Google para todos los Android y el de Samsung para sus propios terminales? Es sólo una instantánea pero que refleja bien la forma de pensar de la compañía. Si me hace bien, lo quiero para mí.

La independencia de Samsung, ¿a favor o en contra de Android?

A nivel de software, la compatibilidad de Tizen con las aplicaciones Android va de desarrollar un sistema propio sólo para ellos pero que permita tomar lo mejor del de Google, su gran variedad de aplicaciones. Ya se las apañarán para atraer luego a los programadores hacia su tienda pero la transición que sea facilita, gracias. También en fabricación. Sus pantallas AMOLEDsus procesadores Exynos. Las acusaciones de calentamiento al Snapdragon 810 pueden tener buena parte de verdad pero puede ser una pantomima organizada por Samsung para poder montar sus Exynos sin remordimientos.

También se aprecia desde hace tiempo en sus accesorios. Desde relojes a bandas, todo está diseñado para ellos y si funcionan con otros es con limitaciones. El mensajes es claro. Esto ya lo hemos visto en otro fabricante, uno que opera por su cuenta. Lo vemos en Apple. Hardware propio, software propio, accesorios propios. El “yo me lo guiso, yo me lo como” del mercado tecnológico que podría haber encontrado a un clonador de su estrategia. Y no, no nos referimos a Xiaomi en esta ocasión. Toca mirar a Samsung.

La independencia de Samsung, ¿a favor o en contra de Android?

Los coreanos partirían con una ventaja sobre Apple. Mientras que el diseño de los de Cupertino corre por su cuenta, la fabricación es ajena. Incluso Samsung ha fabricado sus procesadores hasta hace bien poco y eso es algo que a ellos no les ocurriría. Fábricas propias, componentes propios. Lo necesario para no depender de nadie más. Pueden fabricar ellos mismos y acaparar todos los beneficios, jugar con los precios a su antojo y decidir el rumbo de su compañía.

En unos años podríamos encontrarnos con un Samsung con terminales en el mercado con diseños completamente originales y con componentes de fabricación propia. Con un software desarrollado por ellos mismos o incluso con uno nuevo partiendo desde Android AOSP con un objetivo claro, expulsar a Google de su compañía. Con un ecosistema de accesorios propio e incompatible con otros sistemas. En definitiva, con una burbuja que nos ofrecería la completa felicidad con el único condicionante de tener que entregarles nuestra libertad. Quizá no serían pocos los usuarios que lo aceptarían de buen grado.

No olvidemos el porcentaje del mercado que ahora tiene Samsung y detengámonos a pensar en qué sería capaz de hacer para mantenerlo. ¿La independencia total? No tiene nada de descabellado. Veríamos entonces una lucha a tres bandas entre Apple, Samsung y Google.

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