Sólo queda un día, oficialmente estamos a algo más de 24 horas de decirle adiós para siempre a este 2012 y recibir con los brazos abiertos al 2013, deseando que con él se acabe la crisis y se cumplan todos los propósitos para el Año Nuevo que comienza. Bien, fábulas fantasiosas aparte, lo cierto es que mañana será uno de los días más ajetreados que se pueden vivir, estando a caballo entre las celebraciones de familia, las típicas comilonas de Navidad, las copas con los amigos de después y, obviamente, todas las felicitaciones de Año Nuevo que mandaremos a través del móvil , ya sea por Whatsapp, Line, otra aplicación de mensajería instantánea o, si todavía sois de esos, incluso por SMS.

Pero ya sabéis que esto no siempre ha sido así, ya que antes teníamos otros métodos para enviar y desear un buen principio y comienzo, habiendo evolucionado a lo largo de los años hasta nuestros días, donde los smartphones son los claros protagonistas. Por eso… ¿Por qué no echamos la vista atrás y detallamos la historia de las felicitaciones de Año Nuevo? Y todo con el humor como bandera, en forma del ya clásico monólogo que de vez en cuando se asoma por el relato de los domingos.

Felicitaciones de Año Nuevo en monólogo

Felicitaciones de Año Nuevo en monólogo

A sólo dos días de terminar el año, todos echamos mano de los móviles para hacer ver a última hora lo mucho que añoramos a los que no tenemos cerca, habiéndose convertido en una tradición más estandarizada que la borrachera posterior a las felicitaciones. ¿Y cómo ha evolucionado la manera de desear un buen año con los teléfonos? Pues de una forma más exagerada que Pikachu metiendo la cola en un enchufe. ¿Alguien se acuerda del “Hola, soy Edu. Feliz Navidad”? Pues no sólo tenéis ya unos años, seguramente habréis felicitado el Año Nuevo de multitud de maneras distintas, siendo Whatsapp sólo la última de ellas.

Empezando por las clásicas postales de Navidad, ese pedazo de cartón que tenías que echar al buzón un mes antes para que Correos lo entregase a tiempo, teniendo más riesgo de perderse que quien sale a por tabaco. Recibidas de toda la familia, junto con la compañía eléctrica, el seguro o la funeraria, las postales navideñas eran muy socorridas para felicitar las fiestas, sabiendo al instante si quien te las enviaba te tenía estima o no. ¿Tarjetón con colores pastel, luces y música? Había amor. ¿Tarjeta ridícula con unos angelitos dibujados y sin ningún mensaje escrito a mano? No cabía duda: el rencor flotaba en el aire. O la tacañería, que es tan propia de la Navidad como de nuestra suegra a la hora de hacernos regalos…

Paralelamente a las tarjetas de felicitación por Navidad y fin de año, algo que nunca faltaba en ninguna casa eran las llamadas telefónicas. Al fijo, por supuesto, que los teléfonos móviles tardaron más en llegar que la paga de febrero. Vale, tampoco se puede decir que actualmente no se estile llamar al fijo, pero no cabe duda de que las llamadas de antes eran mucho más auténticas. Esa llamada de la tía del pueblo que duraba horas mientras se turnaban al auricular todos los familiares de ambos lados de la línea telefónica como el entrenador infantil que va rotando a todo el banquillo, la interminable espera hasta que se evaporaba el colapso telefónico de fin de año y podías ser tú el que llamaba o el vacío de aperitivos que te esperaba tras colgar el auricular, ya que todos los teléfonos de antes cumplían las siguientes premisas: tenían cable y estaban lejos de la mesa, acabando con tus oportunidades de pillar algún langostino tras un cuarto de hora de cháchara.

Qué tiempos en los que el teléfono sonaba con un “riiiiiiinnggg” por obligación y la agenda de números estaba escrita en esa libreta de papel que siempre se perdía en Año Nuevo, cuando tocaba llamar a algún familiar lejano… Aunque eso se acabó gracias a las agendas de los móviles, esas maravillas tecnológicas capaces de almacenar cientos de teléfonos que se perdían como por arte de magia si tenías la mala suerte de extraviar el terminal. ¿Quién no llamó a alguien de su agenda en fin de año para dedicarle unas felicitaciones cuando los móviles empezaban a triunfar? Pues nadie, porque llamar con un móvil era más caro que ahora llenar el depósito del coche. ¿Y qué alternativa surgió como la más eficaz, cómoda y, por supuesto, económica? Pues el SMS, el antecedente prehistórico del Whatsapp con el que las operadoras hicieron su particular agosto gracias a millones de felicitaciones de fin de año que todos nos mandamos durante varias Nocheviejas sucesivas.

¿Alguien recuerda un SMS concreto? “Feliz Nochevieja”, “Que pases el mejor año de tu vida”, “¡Feliz 2005, por el **** te la *****!”… Así somos todos cuando nos dan un medio para ser creativos, casi tan originales como un libro firmado por Ana Rosa Quintana y Lucía Etxebarría. Por ambas. ¿Y cómo evolucionó el asunto de las felicitaciones de fin de año mediante los SMS? Pues que todos nos acabamos reenviando los mismos, con lo que surge el misterio: ¿de dónde salían esos SMS? Imposible saberlo. Aparecían en nuestros móviles justo antes de las campanadas y horas después, llegando de nuestros contactos de la agenda como si fueran los personajes de una película de chinos: todos iguales. Incluso adornados con iconos y composiciones a los que había que echarle imaginación para entender, gastándonos una pasta en algo tan absurdo que ha sobrevivido hasta nuestros días, aunque cambiando el formato: ahora las felicitaciones de Año Nuevo llegan desde Whatsapp o similares, directamente al teléfono, también iguales y con menos originalidad que regalar unos calcetines. Aunque con una ventaja: gratis. Al menos de momento, porque en el 2013 Whatsapp cobrará. Aunque sólo a los que no compartan este monólogo por Facebook y Twitter…

Las conversaciones de Whatsapp, Line, ChatON o similares dan para una tesis doctoral de psicología, sobre todo cuando se les suma la locura de los grupos. Está el amigo que nunca habla contigo y que por Año Nuevo te envía un mensaje cargado de poesía, iconos con flores, caritas sonrientes y ese tipo de cursilería propia de un jardín de infancia. O la ex pareja que se acuerda de ti para declararte lo mucho que te echa de menos y cuánto desearía pasar las primeras horas del año contigo, deduciendo que le han plantado y está solo en casa apurando su última oportunidad. O tu madre, que de repente ha aprendido a usar Whatsapp y empieza a enviarte felicitaciones más guarras que una enviada por Torrente. Sí, la Nochevieja y Fin de Año es como ver la peli de Bambi: aunque seamos duros y no lo confesemos, siempre nos hace emocionar.

Así que os emplazamos a felicitar a vuestros amigos, familiares, novios, novias, parejas, hijos, perros o avatares de Second Life de la manera que mejor os guste, tanto con una llamada como con un SMS, Whatsapp o Line. Pero hacedlo sin dudarlo. No importa el mensaje, si os acordáis de quienes están lejos también ellos se acordarán de vosotros. ¿Y qué es la distancia sino una excusa para acercarse? Este es nuestro propósito para el 2013…

¡Feliz Año Nuevo!

2 comentarios

  1. Totalmente identificado con este relato de fin de año @ivsu, te deseo desde aquí que tengas una buena entrada de año, y a ver si el año próximo nos volvemos a ver por Barna.

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