WhatsApp y sus actualizaciones: ¿mayor libertad para el usuario o esclavitud?

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Confieso que hace años que he dejado de entender el uso que se hace de una aplicación de comunicación como es WhatsApp. Y es que cualquier hecho que ocurra con ella es casi cuestión de estado, movilizando más opiniones que, incluso, las relacionadas con la corrupción. Sin ánimo de meterme en política, que no es el tema de esta web, sí que voy a analizar lo que ocurre con WhatsApp y lo absurdo que resulta elevar a la categoría de acontecimiento cualquier actualización que los desarrolladores hacen sobre ella. Y lo haré sobre una pregunta clave: ¿WhatsApp libera la comunicación o esclaviza a quienes se comunican?

WhatsApp y sus actualizaciones: ¿mayor libertad para el usuario o esclavitud?

Empezaré explicando mi uso de la app. Como geek inquieto que soy, y al estar siempre pendiente de todo lo relacionado con el software de Android, llevo usando WhatsApp desde antes incluso de que se lanzara oficialmente en nuestro sistema. Invitado por los desarrolladores, recuerdo perfectamente cómo mi mujer, con un iPhone 3G, y yo, con un Motorola Milestone, nos enviábamos mensajes dejando de lado a los SMS. Sí, nos parecía una idea magnífica. Y pensábamos en lo agradable que sería el comunicarnos con cualquier persona sin coste y sin tener que llamarle por teléfono. ¿En qué momento pasó de ser “agradable” aquella ensoñación a casi una pesadilla? Yo os lo diré: justo cuando observé que, desde los primeros y contados contactos compatibles, tenía a toda la agenda con posibilidad de enviarme mensajes privados en cualquier momento, de saber en qué momento estaba o no conectado y, sobre todo, cuando me empezaron a añadir a grupos sin que ni tan siquiera pudiese elegir si quería estar o no en ellos. No, no es paranoia anti social ni que yo estime en exceso mi privacidad: solamente no soporto que aquello que no se consiente en la vida real sea comúnmente aceptado en la comunicación virtual.

WhatsApp y sus actualizaciones: ¿mayor libertad para el usuario o esclavitud?

Hablemos de las actualizaciones. Llevamos varios días con la problemática del doble check azul (nosotros mismos nos hicimos eco de la noticia) y parece que este hecho trasciende los niveles más lógicos de cordura. ¿Realmente es tan problemático que alguien sepa o no si has leído su mensaje? Se ve que sí, porque se ha liado una buena. Algo que me lleva a la pregunta principal de este post: ¿realmente necesitamos una app de comunicación que nos esclavice? Pensadlo bien: si alguien os echa en cara que estabais conectados y que no le habéis contestado, amén de otras incongruencias sociales más, quizá debáis plantearos una revisión de amigos. O, algo que os recomendamos, quizá debáis cambiar de aplicación y usar una nueva sólo con quien de verdad os respete.

WhatsApp y sus actualizaciones: ¿mayor libertad para el usuario o esclavitud?

Como suele ocurrir, los problemas no están en la aplicación, sino en el uso que se hace de ella. WhatsApp no es más que un medio de comunicación que, bien utilizado, permite un ahorro considerable en la factura unido al las inmediatez de las mensajes; incluyendo la ventaja añadida de poder enviar fotos, audios, vídeos o la localización. Pero resulta que no sólo sirve para esto, también es un detonador de las tensiones acumuladas en las relaciones. Porque es imposible obviar este punto: igual que ocurriría en un cara a cara, tarde o temprano las incompatibilidades de carácter afloran. Con el agravante de que, debido a no hablar presencialmente, el aparente anonimato intensifica los roces.

Digamos adiós a quienes nos controlan; a esos que nos echan en cara no hacerles caso sólo porque han recibido el maldito doble check azul y no una contestación; olvidemos a los que aparecen de repente en nuestro WhatsApp sin que sepamos de dónde han venido para, después, enfadarse de que no les contestemos o les bloqueemos. ¿Alguien podría enfadarse con lógica en una comunicación verbal sólo porque no queramos hablar con él o porque no estemos dispuestos a decirle si estábamos libres en un momento concreto? Los móviles han traído muchas cosas buenas; pero el hecho de que todos supongan que debemos contestar a algo con independencia del momento o del tema tratado no es una de ellas.

WhatsApp y sus actualizaciones: ¿mayor libertad para el usuario o esclavitud?

¿Seguís dándole vueltas al doble check azul? Puedo entender que no todo es tan simple y que, sencillamente, existen personas pesadas y controladoras de las que no os podéis zafar (jefes, parejas, amigos de toda la vida…). A falta de no poder hacerles un tratamiento psicológico, siempre podéis paliar los inconvenientes más flagrantes de WhatsApp eludiéndolos:

  • Id a “Ajustes/Info de la cuenta/Privacidad/Hora de últ. vez” y desactivad la opción a “Nadie”. Así no sabrán la última vez que abristeis la app. Aunque tampoco sabréis la hora de los demás, por supuesto.
  • Para que no se active el doble check azul, basta con que leáis las conversaciones con el modo avión activado. Antes de entrar en WhatsApp, aseguraos de que la conexión de datos está inactiva (modo avión, por ejemplo); leed la conversación y salid; después sólo tenéis que activar los datos de nuevo y listos: el doble check se mantendrá gris aunque hayáis leído lo que os decían.
  • No olvidéis que podéis bloquear a los que os resulten muy pesados. Id hasta “Ajustes/Info de la cuenta/Privacidad/Mensajería-Bloqueado” y añadid a quienes deseéis. No hay que cortarse: si alguien no respeta vuestras normas es mejor ignorarle.
  • Y un último consejo: WhatsApp es una simple aplicación con la que comunicarse, nada más. Si se os va de las manos o notáis que altera en exceso vuestro humor, quizá debáis desinstalarla. Hay mucha gente que no la usa y se mantiene considerablemente más feliz.

WhatsApp y sus actualizaciones: ¿mayor libertad para el usuario o esclavitud?

Después de analizar a fondo el comportamiento con la app y de ver lo tremendamente enganchados que estamos todos a ella (no hay más que observar las pantallas en los transportes públicos: la mayor parte de la gente se encuentra chateando por WhatsApp), creo que todos deberíamos replantearnos el uso que hacemos de ella. Y de las aplicaciones de mensajería en general, que en el fondo todas se basan en los mismos principios, provocan idéntica dependencia y crean los mismos roces absurdos entre sus usuarios. ¿Realmente necesitamos una ventana abierta al mundo a la cual no sólo puede asomarse cualquiera, sino también entrar sin pedir permiso? Yo creo que no.

Remato con la pregunta que encabeza el artículo. Analizad el uso que hacéis de WhatsApp, el tiempo que estáis con ella, si os provoca nerviosismo según qué tipo de mensajes, si la adicción os hace consultar a cada instante lo que dicen allí vuestros contactos… y entonces responded: ¿os facilita la comunicación u os ha esclavizado?

¿WhatsApp libera las comunicaciones o las esclaviza?

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2 comentarios

  1. Falta la opción “La tengo instalada pero uso otra” xD. Iván, sabes perfectamente mi opinión sobre este tema, de hecho en mi Facebook lo viste, y la reacción de algunos usuarios. Yo soy de la opinión de que cuando alguien viene con exigencias, hay que pararle los pies, al igual que presencialmente. A la primera, aviso, a la segunda, bloqueo, que sería como dejar de quedar con esa persona para tomar café. Pero lo que no se debe hacer es amilanarse, esconderse y andar ocultándose por culpa de algunas personas que creen que WhatsApp es como el extinto Windows Live Messenger en donde abundaban usuarios que hacían uso del zumbido para que se les hiciera caso y controlaban la hora en la que dejaban de estar online.

    Es una herramienta genial, pero cuando una herramienta o servicio llega a la gran masa social, llegan los usuarios maleducados. Una pena.

    Muy buen post, dices verdades muy incómodas, y que había de decirlas 🙂

    • Ya sabes que estamos 100 % de acuerdo. 😉 Tenemos experiencia en redes sociales y las hemos visto crecer desde cero; habiendo visto también la problemática de esos usuarios que mencionas. Yo estoy contigo: WhatsApp igual que en la vida real. Si no dejas que nadie te controle los horarios, que tampoco te rechisten tus usos de la aplicación.

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