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Al ritmo que va la tecnología es habitual el hecho de quedarse desactualizado si se pasan unas semanas alejado de la actualidad, sobre todo en lo que se refiere a aplicaciones móviles. Y es que no cabe duda de que este campo evoluciona con una rapidez inusual, en todos los campos. Desde los juegos y sus capacidades gráficas a las aplicaciones de productividad, junto con unas que han avanzado tanto que se han hecho absolutamente imprescindibles en todo smartphone: las de mensajería instantánea. ¿Qué sería de la expansión de los smartphones si no existieran apps como Whatsapp o, ahora, Line? Pues de esto va nuestro relato del domingo, junto con el esfuerzo que se ha de hacer para mantenerse al día en la evolución tecnológica. ¿Os apetece leer un poco? Pues a ver qué os parece nuestro relato…

Relato: Desactualizada

Desactualizada

—¿Me das tu nick de Line?
Aquella fue una pregunta algo desconcertante para Valeria, aunque no por el hecho de encontrarse con un chico que le pedía una forma de contacto. Ella, una joven de veinticinco años acostumbrada a despertar admiración por su físico y simpatía innatos, se encontró de bruces con una palabra que sólo despertaba incógnitas, siendo un misterio al que debía de enfrentarse aun a riesgo de parecer una inculta tecnológica, lo que daría al traste con parte de su sex appeal.
—¿Qué es Line? —Preguntó Valeria tratando de no aparentar una idiota—. Yo sólo uso Whatsapp.
—Es casi lo mismo que Whatsapp —respondió aquel chico del que aún no sabía el nombre. Era realmente atractivo y con una fachada atrayente más allá del aspecto exterior, aunque tampoco acababa de hacerle el peso como para adentrarse en la senda del ligue—. Yo he empezado a usar Line y va mucho mejor, ya no uso para nada el otro.
No había duda de que se estaba quedando anticuada, los métodos de comunicación cambiaban a tal velocidad que su desactualización iba mucho más allá de poseer un móvil con más de dos años de antigüedad. Valeria extrajo su teléfono del pequeño bolso con el que complementaba su imagen y buscó la aplicación de notas, apuntando en ella el nombre de Line.
—Apunta también mi nick —sugirió el chico al ver que ella tecleaba sobre la pantalla de su teléfono—. Agus_tito.
Aquel nombre desencadenó una reacción punzante en el cuerpo de Valeria, destapando viejos recuerdos como quien abre un refresco tras haberlo agitado y se ve incapaz de retener el contenido. Las emociones rebosaron espumosas por el cuello del olvido, alterando de tal manera el estado anímico de la chica que el aspirante a compañero acabó vislumbrando dicha alteración en las líneas bien definidas de su rostro, ahora pausadas en una mueca casi de desesperación.
—¿Cómo has dicho? —Preguntó temblorosa Valeria—.
—Agus_tito —repitió el chico algo asustado—. ¿Te pasa algo? Parece como si hubieras visto a un fantasma.
—Casi…
Valeria le explicó que aquel nick se parecía demasiado al que siempre utilizaba su ex pareja, del que se había separado hacía escasas semanas. A pesar de que el chico, Agustín por lo que se deducía del nombre que le había dado para apuntar, no pretendía convertirse en un hombro donde llorar ni tampoco le conocía lo suficiente como para confesarle sus interioridades, Valeria detalló punto por punto la trágica ruptura, junto con lo mucho que echaba de menos a Agustín, su ex pareja, y el esfuerzo que había necesitado para salir a divertirse aquella noche dejando de lado a la nostalgia. El chico, aburrido ante el sermón que le estaban soltando, aunque aún con vistas de encauzar una posible relación sexual, aguantó estoico toda la historia, aguardando el momento de mostrar consuelo. Aunque este no sobrevino ya que Valeria alejó todo posible acercamiento enjugándose las lágrimas con la manga de la blusa e iniciando la rutina de vuelta a casa, apagando el móvil para guardarlo de vuelta en el bolso.
—Espera —dijo el chico viendo que Valeria se le escapaba—. Apunta mi nick de Line, así otro día podemos quedar a tomar algo.
—Está bien —Valeria sacó de nuevo el móvil—.
—Agus_tito —repitió enfatizando cada sílaba—. ¿Lo has apuntado?
—Sí.
—Con guión bajo…
—Sí, he puesto el guión.
—¿Nos volveremos a ver?
Valeria quiso responder con un no, pero fue incapaz de decir la verdad. También de esquivar los dos besos que le plantó en sendas mejillas su pretendido conquistador, volviendo a casa con mayor tristeza que aquella con la había partido, con restos de maquillaje en las mangas de la blusa y con dos marcas invisibles en la cara de unos labios no deseados, imaginando mentalmente que los cambiaba por aquellos que aún permanecían inalterables en sus recuerdos. ¿Cómo vencer a la nostalgia si ni siquiera sabía cómo enfrentarse a ella? No se le ocurría manera, así que decidió sumergirse en su desgracia y, al menos, enmendar su desactualización tecnológica. Se sentó de golpe en el sofá, extrajo el móvil del bolso y buceó en su aplicación de notas, reencontrándose con el nombre de la aplicación. También con el nick maldito, haciendo que le temblara la mano mientras su mente se perdía en todo cuanto significaba aquel juego de palabras.
Buscó el nombre de Line dentro de la tienda, lo descargó, lo instaló y procedió a arrancarlo, introduciendo todos los datos que le pedía. Acto seguido, pulsó sobre la ventana de buscar amigos y escribió el nick famoso, aunque se olvidó de marcar un guión bajo introduciendo uno normal. Saltó una persona en primera posición, lo añadió como contacto y fue a escribirle, poniendo un sencillo “Hola”. Valeria quiso escribir algo más, aunque no pudo explayarse más allá de un simple saludo, encontrando uno de vuelta demasiado extraño como para obviarlo.
“¿Valeria?”
No recordaba haberle dado su nombre real a aquel chico de la discoteca, aunque estaba claro que su memoria permanecía en un lugar alejado del momento presente.
“Sí, soy yo. Perdona por haberme ido de la discoteca”.
“¿Discoteca? ¿Eres Valeria Martín?”.
Aquello iba demasiado lejos. Resultaba posible que diese su nombre verdadero, aunque totalmente inviable que, además, confesara su apellido. ¿Quién era aquella persona?
“¿Quién eres?”.
“¿Tú eres Valeria Martín?”.
“Ya te he dicho que sí. ¿Tú eres Agustín?”.
“Claro”.
La conversación caminaba paralela a la línea de lo absurdo, como si ambos discurriesen por el mismo sueño estando uno despierto y el otro dormido.
“Pues hemos estado esta noche en la discoteca, nos hemos conocido allí”.
“Valeria, nosotros nos conocemos desde hace seis años, empezamos a salir en la universidad”.
Valeria sintió salirse al corazón, ausentándose del cuerpo junto con sus fuerzas. El móvil cayó al suelo mientras permanecía la pantalla encendida y mostrando la cadena de mensajes, apareciendo nuevas frases conforme transcurría el tiempo sin que ella pudiera contestar.
“¿Estás ahí?”.

“¿Valeria?”.

“Contesta, por favor…”.

“Me encantaría volver a verte. ¿Por qué no quedamos? Ahora estaría bien…”.

“¿Qué dices? Por favor…”.
“Está bien”.
Valeria recogió el teléfono con manos temblorosas tardando horrores en escribir unas pocas letras. Inspiró hondo, calmó los nervios, aflojó la sonrisa inconsciente que se le había asomado sin pudor al rostro y, dando carpetazo a la tristeza, se dispuso a actualizar su nostalgia.
“Quedamos en nuestra discoteca, dame media hora”.

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