Hacía tiempo que no publicábamos un relato, algo que se ve notablemente agravado por el hecho de que habíamos dejado una historia colgada: Amazing Zoe. ¿Recordáis a nuestro personaje protagonista, Samuel (cualquier parecido con el redactor de FAQsAndroid no es pura coincidencia), al juego de móvil que había descargado y a la compra tan extraña que realizaba en el mismo? Pues ya está aquí la continuación, formando parte de una trilogía que concluirá justo la semana próxima. Imaginación, misterio, humor… Muchos son los componentes de este relato de Amazing Zoe, aunque sobresale uno por encima del resto: su ambición de entretener. Y esperamos que leyendo la siguiente historia consigáis que lo queda del domingo resulte mucho más ameno. ¿Leemos un poco?

Amazing Alex, una dimensión menos

Amazing Zoe, una dimensión menos

Todo sucedió demasiado rápido para Samuel como para poder detallarlo posteriormente, pero, según él trataría de hacerlo cada vez que alguien le preguntaba por el truculento asunto, Amazing Zoe salió a la realidad tal que así.

—Créeme —aseguraba tratando de hacer énfasis en lo asombroso de lo ocurrido sin miedo ya a que lo tomaran por loco—. Mi móvil saltó de mis manos como si se hubiera soltado un muelle por debajo, alzándose en el aire con un respingo al tiempo que le envolvía una nube de humo. Pasó muy rápido, pero lo recuerdo perfectamente: la nube de humo se hizo densa y palpable, creciendo hasta que me superó a lo alto y a lo ancho, manteniendo una forma parecida a la de un huevo de la que, tras esfumarse tan rápidamente como se había formado, surgió una forma de mujer difuminada.

Samuel solía hacer una pausa en este punto dado que, o bien el interlocutor expresaba su incredulidad abandonando la conversación, o ahondaba en ella preguntándole por esa extraña mujer difuminada, continuando siempre de la misma manera cuando le incitaban a seguir.

—Sí, aquella chica apareció difuminada de entre la nube de humo, permaneciendo de esta manera incluso cuando ya no había ni rastro de dicho humo —hacía una pausa expresando su propia opinión acerca de ese punto—. Yo creo que, como mi móvil no tenía suficiente resolución, Zoe no podía mostrarse en la vida real tal y como debería de verse en una pantalla “full HD”, por lo que siempre daba la impresión al mirarla de que estuviese desenfocada. Como si tuvieras que ponerte gafas para poder observarla, teniendo una sensación extraña al apartar la vista de ella, ponerla en otro objeto a su misma distancia y al volver a mirarla. No sé cómo explicarlo… Como si Zoe formara parte de la prueba de un óptico para saber si te han de colocarte gafas o no —la pausa al llegar a esta parte del relato era obligatoria. Si el interlocutor aún no le había dado por loco, Samuel ponía el resto sobre la mesa para dejarle de piedra—. Pero no sólo se veía borrosa: también estaba en dos dimensiones. Sí: viéndola de frente, parecía más o menos normal. Pero, si la mirabas de perfil… Sólo veías una línea. Como ocurre en los dibujos animados cuando le pasa al Coyote una apisonadora por encima: Zoe tenía el grosor de una hoja de papel. Aunque eso sí: le sobraba carácter como para llenar el cuerpo de mil personas normales.

—¿Quién coño eres tú? —Preguntó la aparición apuntando con el cañón de su arma justo al pecho de Samuel. Éste se encontraba completamente paralizado, sin que pudiese siquiera parpadear—. ¿Te han mandado los Charlies? ¡RESPONDE!
¿Qué había pasado? Samuel trató de discernir las causas de aquel embrollo a toda velocidad mientras Amazing Zoe le apuntaba con algo parecido a un rifle de papel, transcurriendo varios segundos hasta que pudo articular unas pocas palabras. Tiempo durante el cual la chica había proferido tal retahíla de insultos que, de aparecer en la tele, sólo se hubiera escuchado un largo pitido.
—¿Cómo has salido de…? —Se aventuró Samuel. Zoe le puso el cañón a escasos centímetros de la nariz alertada por el movimiento de sus labios, pero mantuvo firme el dedo en el gatillo sin mostrar ni rastro de vacilación—. ¿Cómo has salido de mi teléfono?
—¿¡Qué teléfono!? ¿¡Has contactado con los Charlies!?
—¿Pero qué Charlies? —Por más que la chica estuviera armada hasta los dientes, con una especie de rifle de asalto que ya le acariciaba la nariz, un cinturón de granadas que le pendían de las caderas al ritmo de sus insultos y una ristra de munición tan grande cruzándole el pecho que hasta el mismo Rambo hubiera sentido envidia, Samuel estaba seguro de que aquellas armas no tenían efecto alguno fuera de la dimensión del juego, no en vano carecían completamente de volumen. Alzó las manos y le indicó a la recién llegada que mirase alrededor, en un intento de que cejara en el empeño de apuntarle—. ¿No ves que ya no estás en el juego?
Amazing Zoe recorrió el comedor con la vista sin apartar el rabillo del ojo de Samuel, y pronto cayó en la cuenta de que su mundo se había esfumado de igual manera que su capacidad de matar. Soltó el arma observando asustada cómo ésta descendía con parsimonia al suelo planeando igual que un folio, y fue incapaz de sostenerse en pie tras sufrir la flojera general de quien ve derrumbarse un castillo de naipes levantado con paciencia durante años. Zoe se sentó en el suelo y se echó a llorar desconsolada, plegándose como un monigote del día de los inocentes. Aunque, tal y como observó Samuel, con todos los detalles y texturas de una mujer real, incluida la tira del sujetador que asomaba por debajo del cuello ancho de su camiseta de camuflaje. ¿Cómo era posible que un personaje de videojuego hubiera saltado desde la pantalla de su móvil hasta su comedor? Por más que encontrase alguna explicación factible, estaba claro que no le iba a creer nadie: aquello era tan absurdo como irreal. Pero estaba pasando, produciéndole una sensación peor: no tenía ni idea de cómo actuar.
—¿Qué te pasa? —Samuel se puso en cuclillas frente a la chica tratando de que sus miradas quedasen en línea. Pero ella metió la cabeza aún más entre las rodillas—. ¿Cómo es que has salido del juego?
—¿Qué juego? —Pronunció la chica entre sollozos—.
—El tuyo: Amazing Zoe —ella se encogió de hombros—. Sí, mira cómo vas vestida. De guerra, con armas… Eres la protagonista de un juego de acción para móviles —Samuel dudó, pero se aventuró a calificarla—. Y la verdad es que es un juego muy bueno. Sí: tú eres muy buena.
—¿¡CÓMO QUE YO SOY MUY BUENA!? —Zoe se irguió repentinamente como el muñeco de una caja sorpresa arrojando a Samuel contra el suelo. Éste se quedó sin habla ante la actitud de la chica: a pesar de que intuía que poco podría hacerle debido al resultado de pasar de una pantalla en dos dimensiones a la vida real con su tercera dimensión, aquella mirada furiosa, unida al balanceo de puños, resultaba tremendamente intimidatoria—. ¿¡CREES QUE UNA GUERRERA DEL COMANDO ONE DE ÉLITE PUEDE CORRER EL RIESGO DE SER BUENA!?
¿Por qué actuaba de esa manera? Estaba claro que no sólo había perdido una dimensión, también había perdido la cabeza. Y Samuel quedó abrumado ante lo irreal de la situación, ante la agresividad de Zoe y, sobre todo, ante el hecho de que, a pesar de que tampoco era una mujer según lo que podría considerarse comúnmente como tal, sí que pertenecía al género femenino, siendo la única chica que había pisado aquel piso en varios meses. Algo desenfocada, sí. Un poco caótica, también. Pero chica al fin y al cabo.
—Tranquila, tranquila. No era mi intención ofenderte.
—Bueno, tampoco me ofendes —Amazing Zoe mutó su apariencia agresiva a una bastante más afable. Sin transiciones—. Nunca me habían dicho que era buena; así que, en el fondo, la verdad es que me gusta.
—También eres muy guapa —se aventuró. Samuel se protegió la cara con las manos, pero no había necesidad: Zoe siguió mostrándose afable—.
—Gracias.
La situación dejaba de ser caótica, quizá consiguieran conducirla hasta la sensatez. Pero, ¿cómo conseguirlo? Samuel siguió por la senda de la adulación.
—Y estás armada hasta los dientes, seguro que no hay nadie que te tosa.
—¿Y por qué me iba a toser alguien?
—Me refiero a que todos tus enemigos te tienen miedo: eres tan valiente como temida.
—Mis enemigos…
Zoe volvió a aflojar su rostro desenfocado arrojando una expresión de tristeza, pasando a sentarse de nuevo en el suelo mientras se mantenía justo enfrente de Samuel. Éste la observaba sin saber muy bien qué decir, lamentando que de nuevo hubiese metido la pata. ¿Echaba de menos a los enemigos en concreto o al mundo del juego en general? La segunda cuestión era más que plausible: a nadie le atrae la idea de que le saquen de golpe de su propio mundo. Pero, ¿cómo revertir la situación? Samuel decidió expresar sus pensamientos en voz alta.
—Seguro que quieres volver al juego.
—Sí…
Aquella afirmación había sido demasiado lánguida como para no sentir una puñalada en el corazón.
—Lamento haberte sacado de allí.
—¿Fuiste tú?
¿Por qué tenía que meter la pata una y otra vez? Samuel rebuscó excusas a toda velocidad, aunque, en aquella ocasión, Zoe no pareció alterarse.
—Creo que… —titubeó Samuel—. Creo que fui yo, sí. Hice una compra dentro de tu juego sin saber muy bien para qué servía. Y, de golpe, apareciste tú.
—Entonces, sólo tienes que devolver la compra. Con eso me devolverás también al juego, ¿no?
No había duda de que el planteamiento tenía sentido, aunque Zoe ignoraba lo más peliagudo del asunto: lograr la devolución de una compra de cien euros no iba a ser fácil. Pero poco más podían hacer, estaba claro que la chica debía de regresar.
—Podría probar a contactar con el desarrollador.
—Hazlo ahora.

—¿Conseguiste devolver a Zoe a su juego?
Nunca fallaba: si el interlocutor había aguantado hasta esas alturas de la historia, la pregunta habitual ante esa pausa en el relato siempre era la misma. Pero Samuel no anticipaba ni una pizca de lo que aún le quedaba por contar, así que la respuesta también estaba marcada.
—La cuestión no es si lo conseguí o no, sino cómo lo hicimos.

Amazing Alex, una dimensión menos

4 comentarios

      • Genial, estoy deseando saber mas. Hace mucho que no te leo, pero porque me ocupo con otros entretenimientos. Pero cada vez que veo que publicas relatos tengo ganas de leerte.

        • Seguiré publicando según pueda, que la ficción me come el tiempo (pero me es muy necesaria).
          Gracias por el apoyo. 😉

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