Nos movemos en un mercado, el de la tecnología, en el que por desgracia priman más las cifras que otros aspectos como la optimización o la experiencia de usuario. La razón es bastante sencilla, aunque injusta. Las cifras pueden vender sobre un papel mientras que las sensaciones se obtienen tras probar un producto. Si pretendes vender 100 millones de smartphones, no puedes dejar que esos 100 millones de usuarios lo prueben antes. Así pues, se recurre a lo más fácil, a inflar las características en un vano intento por quedar por encima de tu competencia. ¿Tú tienes 1 GB de RAM? Yo tengo 2. Pronto vendrá otro que montará 3. La pescadilla que se muerde la cola. La guerra por inflar las características está llevando a que tengamos en nuestros bolsillos smartphones más potentes que muchos ordenadores y, en muchas ocasiones, que no todas, no es ni tan siquiera necesario.

La importancia de la experiencia de usuario frente a la potencia bruta

Las ventas a través de sensaciones son más lentas aunque son las más efectivas, las que más fidelizan. Si encuentras un smartphone con una experiencia de usuario al más alto nivel, la probabilidad de que repitas con la misma marca será altísima. Por el contrario, si compras un auténtico cañón en cifras que luego no cumple con tus expectativas, seguramente le darás una oportunidad a los modelos de la competencia. Por desgracia no es éste el modelo que se impone en la gran mayoría de los casos, sobre todo cuando hablamos de pequeños fabricantes cuya única forma de introducirse en el mercado es presumiendo de características, porque no les daríamos una oportunidad de otra forma.

Aquí entramos también los recomendadores. No me gusta la palabra “influencer” porque realmente no lo somos. La gente no se compra los terminales que nosotros, los analistas, estemos probando sólo porque los estemos probando. Eso es realmente un “influencer”. La gente, los usuarios, esperan a tu valoración y luego la comparan con otras y finalmente deciden. Hace tiempo que los smartphones superaron el precio de lo que se puede considerar compra compulsiva y la reflexión es necesaria. Así pues, si un terminal te deja un gran sabor de boca puede que quien te lea, o vea tus vídeos, acabe comprándolo y entonces comience el boca a boca, pero para entonces ya se habrán vendido cientos de otros modelos cuyas especificaciones son superiores. Es la ley de la oferta y la demanda. Si quieres potencia, la puedes comprar cuando quieras.

La importancia de la experiencia de usuario frente a la potencia bruta

El más claro ejemplo de las buenas ventas es Motorola. Su Moto X era, sobre el papel, peor que la gran mayoría de su competencia. Salió además en el año en el que el iPhone 5S dio el salto de procesador y con un Galaxy S4 que arrasaba en Android. Otros llegaron después, como LG con su sorprendente LG G2 o el Nexus 5, que vendió más de lo esperado, pero la apuesta de Motorola fue la experiencia de usuario y nos demostró que un smartphone con dos núcleos, en la vorágine de cifras de 2013, podía funcionar tan bien como el mejor. Su smartphone tardó en romper pero lo hizo, y lo hizo amparándose en otro modelo con la misma estrategia, un Moto G que además se alió con el precio. Si habéis probado un Moto G sabréis de lo que hablo.

Motorola tardó en llegar pero acabó haciéndolo y ahora sus modelos cotizan al alza. ¿Alguien podría haber imaginado que el Moto X+1 tendría tanta prensa? Hace un año no, desde luego, pero el Moto X lo cambió todo y el Moto G fue el golpe de gracia. El LG G2 causó el mismo efecto con su fluidez y su batería nuclear, esta última también producto de la optimización más que de los números. Un modelo, sin embargo, con salvedades. Motorola y LG han demostrado que se puede apostar por algo más que por cifras, pese al error de un LG G3 que por crecimiento está dejando mal sabor de boca. Se puede y se ha demostrado.

La importancia de la experiencia de usuario frente a la potencia bruta

¿Seguirán otros fabricantes su senda? ZTE ya ha comunicado que montará el launcher de Google Now. Puede que en China se hayan rendido ante las malas críticas de su capa y quieran apostar por la suavidad de la experiencia de usuario nativa de Android. Quién sabe. Lo cierto es que apostar por la fluidez antes que por los números es arriesgado. Y no parece que todos quieran asumir ese riesgo. Desde luego yo, por mi parte, es lo que más valoro en un terminal, ¿y tú?

5 comentarios

  1. Opino que este año hemos llegado a un punto en el que no se ha mejorado considerablemente el hardware de la generación anterior y sí hemos empezado a valorar más el cómo va un dispositivo.

    A LG le ha pasado, el G3 no es mucho más potente que el G2 y sí va peor. Y conste que estoy enamorado de ese terminal, pero hay que decirlo todo.

    • El afán por tener mejores cifras que el vecino nos ciega. Aunque el móvil del vecino vaya 10 veces más fluido que el nuestro. Eso debería ser lo principal, pero se ve que no. Al menos no siempre.

  2. Buen articulo, creo que lo que muchos buscan y me incluyo, un terminal que vaya fluido, económico tipo lumia 520, pero con con soporte y un abanico de aplicaciones útiles. Gracias.

  3. A día de hoy tengo muy claro que mi Moto G lo reemplazará otro Motorola. Se te olvida mencionar el iPhone, que sobre el papel no vale un pimiento pero luego es muy bueno.

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